Baleares ha perdido este lunes a una de las figuras más influyentes de su historia política reciente. Celestí Alomar, exresponsable del área de Turismo del Govern balear, falleció a los 76 años dejando tras de sí un legado que aún hoy condiciona la forma en que las islas gestionan su principal motor económico.

Nacido en Llubí en 1949, Alomar fue desde joven un hombre comprometido con la política progresista de las islas. En febrero de 1976, en plena transición democrática, fue uno de los fundadores del Partido Socialista de las Islas, formación que con el tiempo evolucionaría hasta convertirse en el Partido Socialista de Mallorca (PSM).
Su trayectoria institucional fue larga y variada. Ocupó el cargo de director general durante uno de los gobiernos de Felipe González y ejerció como diputado en el Parlament balear entre 1999 y 2007.
Sin embargo, el momento que le haría pasar a la historia llegó cuando asumió la cartera de Turismo en el primer govern del Pacte, encabezado por Francesc Antich entre 1999 y 2003. Desde ese puesto impulsó la conocida popularmente como ‘ecotasa’, un tributo pionero en España que gravaba las pernoctaciones turísticas con el objetivo de financiar la protección del entorno natural de las islas.
La medida fue aprobada en el Parlament en 2001, aunque su vida fue breve. El gobierno posterior de Jaume Matas la derogó en 2003, generando una polémica que no se cerraría hasta años más tarde.
El espíritu de aquella iniciativa, sin embargo, no desapareció. En 2016, bajo la presidencia de Francina Armengol, Baleares rescató la idea con el nombre de Impuesto de Turismo Sostenible (ITS), un tributo que sigue vigente hoy en día y que bebe directamente de aquella visión que Alomar defendió antes de que fuera tendencia hablar de sostenibilidad en el turismo.
La noticia de su muerte ha provocado numerosas reacciones en el ámbito político balear, con voces de distintos partidos reconociendo sus convicciones firmes y su generosidad hacia la tierra que le vio crecer.
Celestí Alomar tenía 76 años y deja un hueco difícil de llenar en la memoria colectiva de unas islas que, en buena parte, deben su conciencia medioambiental a quienes como él se atrevieron a plantear preguntas incómodas cuando nadie más lo hacía.
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