El municipio segoviano de Brieva trata de recuperar la normalidad después de tres jornadas de emergencia forestal que obligaron a evacuar ocho núcleos de población y mantuvieron en vilo a toda la comarca del Pirón. El incendio, declarado junto a la carretera SG-2222, sigue sin darse por controlado oficialmente a la espera de que los equipos de extinción eliminen los últimos puntos calientes.

Los vecinos de Brieva regresan a casa y encuentran miles de hectáreas reducidas a ceniza

El fuego continúa en Índice de Gravedad Potencial 1, no por un empeoramiento de la situación, sino por precaución. El director técnico de Extinción mantendrá ese nivel hasta certificar que el terreno está completamente frío y que ningún rescoldo puede reactivarse.

Cerca de cuarenta medios seguían trabajando sobre el terreno en la jornada del viernes: cuatro técnicos, siete agentes medioambientales, ocho cuadrillas terrestres, ocho autobombas, tres bulldózer y dos brigadas helitransportadas. Su objetivo, rematar los focos donde aún asoma el humo entre la vegetación quemada.

La alcaldesa de Brieva, Pilar Martín, resume en pocas palabras su estado de ánimo: «Cuando consiga dormir te lo digo». Reconoce que la huella dejada por estos días será difícil de borrar, y que cualquier ráfaga de viento caliente o un leve olor a humo es suficiente para que los vecinos se sobresalten.

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Todo comenzó el lunes por la tarde con la llamada de una vecina que avisaba de una hoguera en la cuneta. En menos de un minuto, las llamas cruzaron la carretera empujadas por rachas de viento de hasta 50 kilómetros por hora. El fuego avanzó sobre pastos secos y cereal con una rapidez que lo llevó más allá de Brieva, hacia el valle del Pirón, forzando la evacuación de ocho localidades y el confinamiento de Pelayos del Arroyo.

Frente a las críticas vertidas en algunos foros, Martín defiende con firmeza la coordinación del operativo. Bomberos de la Diputación, de la Junta de Castilla y León, de Segovia y muchos otros medios trabajaron, según sus palabras, «al unísono». Para ella, esa organización evitó una catástrofe de dimensiones mucho mayores.

La solidaridad también ha dejado su impronta. Ganaderos que cedieron sus derechos a recibir forraje enviado por la Junta para que llegara antes a quienes se habían quedado sin nada, y alcaldes de municipios vecinos que no dudaron en arrimar el hombro desde el primer momento.

Brieva mira ahora hacia delante, con el alivio de que no hubo víctimas, pero consciente de que el camino para recuperarse será largo.