El devastador incendio forestal que comenzó en Burgohondo, en la provincia de Ávila, sigue sin dar tregua. Tras varios días de avance sin control, el fuego ha obligado a desalojar de forma preventiva a más de 30.000 personas en municipios del Alto Tiétar, mientras otras 8.000 permanecían confinadas en sus hogares, según las cifras facilitadas por el Ministerio del Interior.

Entre las localidades evacuadas se encuentran Sotillo de la Adrada, Navahondilla, Casillas, Santa María del Tiétar, La Adrada, Piedralaves, Casavieja, Mijares, Gavilanes, Fresnedilla, La Higuera de las Dueñas y Pedro Bernardo, que se sumaron a las ya previamente desalojadas de Burgohondo, Hoyo de Pinares y Villanueva de Ávila. Los vecinos de Cebreros, Navaluenga y El Tiemblo siguen confinados sin poder salir de sus casas.
La situación afecta también a los más vulnerables. La Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León confirmó la evacuación de 601 personas mayores procedentes de 12 residencias de tercera edad, diez de las cuales necesitaron atención hospitalaria urgente para garantizarles oxigenoterapia.
La superficie quemada podría alcanzar ya entre las 13.000 y las 15.000 hectáreas, y el humo generado ha llevado a las autoridades a registrar niveles «altos» de ozono atmosférico en 69 municipios de la provincia de Segovia. Además, diez carreteras de Ávila permanecen cortadas o con restricciones, entre ellas la N-403 que une Madrid con Ávila.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitó el puesto de mando avanzado en Cenicientos y anunció que los incendios de la sierra madrileña y la provincia de Ávila se gestionarán desde ahora como un único fuego bajo un mando unificado. El teniente general de la UME, Francisco Javier Marcos, señaló que esta medida permitirá «ganar tiempo» en la lucha contra las llamas.
Por su parte, el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, respaldó la decisión de evacuar preventivamente los municipios afectados y apeló a la responsabilidad ciudadana ante la gravedad de la emergencia.
Las autoridades trabajan contrarreloj para evitar que los frentes abulenses se unan a los incendios activos en la Comunidad de Madrid, lo que agravaría aún más una situación que ya se considera una de las catástrofes forestales más graves de los últimos años en Castilla y León.
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