Burgos da un paso histórico en su sistema sanitario. La Universidad de Burgos acoge este curso a los primeros estudiantes del Grado de Medicina, una titulación que la ciudad llevaba décadas reclamando y que cambia para siempre la relación entre la profesión médica y el territorio.

Joaquín Fernández de Valderrama, presidente del Colegio de Médicos de Burgos, no duda en calificar este momento como uno de los hitos más importantes de las últimas décadas para la provincia. Y tiene razones de peso para ello.
Durante generaciones, los jóvenes burgaleses que querían estudiar Medicina se veían obligados a marcharse a otras ciudades. Muchos de ellos nunca volvían. Un talento formado aquí, que terminaba por enriquecer a otros territorios. Ahora, por primera vez, Burgos puede formar a sus propios médicos en casa.
«Contar con estudios propios de Medicina cierra un ciclo y abre otro», señala Fernández de Valderrama. Un ciclo que, según explica, no solo tiene valor simbólico, sino estructural: la provincia cuenta ya con hospitales, profesionales y capacidad asistencial suficiente para sostener una facultad.
El papel de los médicos burgaleses en este nuevo escenario será central. No como docentes ocasionales, sino como tutores clínicos que acompañarán a los alumnos desde el primer día en la práctica real. La formación médica, recuerda el presidente del Colegio, no ocurre únicamente en las aulas, sino junto a la cabecera del paciente.
Para marcar el arranque de esta nueva etapa, el lunes 7 de septiembre se celebra la jornada Medicina UBU: el primer latido, un acto de reconocimiento a todas las personas e instituciones que hicieron posible implantar el grado en Burgos. Un camino largo, con años de trabajo conjunto entre la Universidad, la Junta de Castilla y León, el sistema sanitario y la profesión organizada.
El Colegio de Médicos subraya que este proyecto solo puede funcionar si universidad, hospitales y profesión médica trabajan de forma coordinada. Tres pilares que ahora deben demostrar que Burgos no solo puede formar médicos, sino también retenerlos.
El horizonte que dibuja Fernández de Valderrama es ambicioso pero concreto: una ciudad capaz de formar a sus propios profesionales sanitarios y de ofrecerles un proyecto vital atractivo para quedarse.
Burgos deja de exportar talento. Ahora empieza a cultivarlo.



