Cada año, cuando llega el mes de septiembre, el municipio sevillano de Cantillana experimenta una transformación total. Sus calles se cubren de arcos, banderas, flores de papel y luces mientras miles de personas se reúnen para celebrar sus Fiestas Mayores en honor a la Divina Pastora, una devoción arraigada desde hace más de trescientos años en el corazón de esta localidad.

El gran protagonista de los actos es el Risco, un altar de carácter campestre que se mantiene en la localidad desde el siglo XVIII. La imagen de la Virgen fue trasladada hasta este montaje el pasado 31 de agosto en una procesión claustral, donde permanece presidiendo la parroquia durante los días de culto. Es un escenario único en la provincia y uno de los elementos más representativos de la identidad cantillanera.
La Solemne Novena arrancó el 5 de septiembre y acompaña los días previos al momento más esperado. La víspera, el 7 de septiembre a las 23:30 horas, saldrá el Rosario de hermanas presidido por el simpecado blanco de gala, una pieza del siglo XIX. Centenares de mujeres participarán ataviadas con mantilla, en una tradición que hunde sus raíces en un Rosario femenino fundado en 1720.
El 8 de septiembre concentra los actos principales. La jornada arranca desde las 8:30 horas con una diana musical por las calles, acompañada de cohetes y tracas. A las 11:00 horas se celebra la Función Principal de Instituto y en torno a las 15:00 horas la Virgen es trasladada desde el Risco hasta su paso procesional. La salida a la calle está prevista poco antes de las 22:00 horas, entre aplausos, vivas y fuerte pirotecnia.
Pero el momento más emotivo y singular llega ya entrada la madrugada, en la calle Martín Rey. Bajo la gran cúpula que cubre esta vía tiene lugar la ceremonia del sombrero, una tradición propia con casi un siglo de historia reconocida como patrimonio inmaterial de Cantillana. En ella, la Divina Pastora es despojada de su tocado pastoril en un acto que congrega a vecinos y visitantes en silencio y emoción.
Las fiestas no concluyen el día 8. La programación se extiende durante todo el mes con conciertos, cultos y fuegos artificiales, y se cierra con la tradicional romería del último fin de semana de septiembre.
Cantillana invita a quienes no la conozcan a descubrir en estas fechas una celebración que va mucho más allá de lo festivo y que forma parte esencial del alma de sus vecinos.
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