Casa Rosales, la joya abandonada de Santander que podría convertirse en puerta de entrada a Costa Quebrada

Una histórica mansión edificada en los años treinta sobre la playa de Mataleñas lleva décadas en el olvido tras ser expropiada por el Ayuntamiento de Santander. Ahora, un colectivo ciudadano vuelve a reclamar que el municipio actúe de una vez.

Casa Rosales, la joya abandonada de Santander que podría convertirse en puerta de entrada a Costa Quebrada

Casa Rosales se construyó entre 1934 y 1935 como residencia estival de verano en uno de los enclaves más privilegiados del litoral santanderino: encima de la playa de Mataleñas, en la zona de Cueto, junto al hipódromo y cerca del faro de Cabo Mayor. La finca, de unos seis mil metros cuadrados, incluía jardín, pinada, huerto, casa del guarda, garaje y establo.

Tras pasar por varias manos y despertar el interés de una promotora inmobiliaria que pretendía levantar un complejo de lujo, el Ayuntamiento de Santander expropió el inmueble para garantizar su uso público. Sin embargo, los años han pasado y el edificio principal permanece abandonado, medio derruido, cubierto por una enredadera que lo oculta a la vista.

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Solo la familia que reside en la antigua casa del guarda sigue siendo testigo del deterioro progresivo de la construcción, sin poder hacer nada más que mantener el césped cortado.

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En noviembre de 2022, el pleno municipal aprobó por unanimidad restaurar el inmueble mediante un concurso de ideas. Pero el acuerdo quedó en papel mojado. Desde entonces han surgido dos propuestas concretas: una relacionada con el Gobierno Vasco, dado que el primer lehendakari, José Antonio Aguirre, pasó los veranos de 1937 en esta propiedad durante la Guerra Civil; y otra del PRC, que en octubre de 2024 planteó transformarla en un centro de visitantes de Costa Quebrada, aprovechando la reciente incorporación de este paraje a la red Mundial de Geoparques de la Unesco.

Ninguna de las dos ha avanzado de forma visible.

El colectivo Foramontanos Siglo XXI, que ya alertó en febrero de 2025 sobre el riesgo de perder este patrimonio por desidia municipal, vuelve a alzar la voz. Sus miembros recuerdan que el Ayuntamiento invirtió dinero público en la expropiación y que esa inversión sigue sin rendir ningún fruto para los vecinos.

La asociación no renuncia a ver iniciada la restauración del edificio y exige al consistorio que asuma su responsabilidad ante un enclave que podría ser un activo cultural y turístico de primer orden para la ciudad.

Casa Rosales lleva demasiado tiempo esperando. Y Santander no puede permitirse seguir mirando hacia otro lado.