Los vecinos de los barrios marítimos de València viven este verano una situación límite con el transporte público. Las obras de Metrovalencia, que mantienen cerradas cuatro estaciones clave de la red, y la avalancha de turistas han desbordado por completo la capacidad de la EMT en las líneas que conectan la fachada litoral con el centro de la ciudad.

La escena se repite cada día en paradas de líneas como la 32, la 92, la 94, la 95, la 4 o la 19. Los viajeros esperan bajo un sol de justicia mientras los autobuses pasan de largo con el letrero de «completo» en el parabrisas. Sin metro en estaciones como Amistat, Aragón, Ayora o Marítim Serrería, el autobús ha tenido que cargar con un volumen de pasajeros que supera con creces su capacidad.

María Estellés, usuaria habitual de estas líneas, lo resume con crudeza. Salió de casa con una hora de antelación para un trayecto de apenas 20 minutos. Resultado: cinco autobuses consecutivos de las líneas 92 y 4 pasaron sin parar. Acabó esperando 36 minutos en la parada con casi 40 grados. Otro día optó por caminar 45 minutos hasta su destino. En ese trayecto se cruzó con una pareja joven en la que ella estaba embarazada. Cuando llegó el autobús, el nivel de aglomeración era tal que se negó a subir. Buscaron un taxi.

El regreso al barrio desde el centro tampoco se libra del caos. Paloma, vecina del Cabanyal, tarda entre 40 minutos y una hora en volver desde la parada de Periodista Azzati. El motivo es el embudo que se forma en el casco histórico, donde los autobuses ya circulan al límite desde la segunda o tercera parada.

Los conductores apuntan a un problema estructural. Según el comité de empresa, en varias líneas donde la demanda exige autobuses articulados, la empresa está destinando vehículos estándar. Además, la saturación hace imposible cumplir con los tiempos de paso y con los descansos reglamentarios establecidos en convenio. Los sindicatos hablan de una «absoluta falta de previsión» por parte de la dirección.

El Ayuntamiento asegura haber activado refuerzos en varias líneas para tratar de absorber la presión extra. Sin embargo, los vecinos que cada mañana se juegan llegar a tiempo al trabajo no parecen notar la diferencia.

por Redacción Actualidad Vecinal

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