Castilla-La Mancha puede respirar. El incendio forestal que asoló el municipio guadalajareño de La Mierla desde mediados de julio quedó oficialmente extinguido el pasado viernes 4 de septiembre a las 18.30 horas, poniendo fin a uno de los episodios más devastadores que ha vivido la región en los últimos años.

El fuego fue detectado el 16 de julio a las 13.55 horas y desde ese momento no dejó de crecer, alimentado por condiciones climatológicas que parecían conjurarse en su contra: temperaturas que superaban los 30 grados, vientos de más de 30 kilómetros por hora y una humedad relativa que apenas rozaba el 30 por ciento.
En total, las llamas arrasaron aproximadamente 32.000 hectáreas de terreno forestal, dejando un perímetro calcinado de alrededor de 120 kilómetros. Una cicatriz enorme en el paisaje castellano-manchego que tardará décadas en recuperarse.
La magnitud del incendio obligó a declarar el nivel 2 de emergencia, el más alto en este tipo de situaciones, y desencadenó uno de los operativos de extinción más grandes que se recuerdan en la comunidad. Un total de 2.733 personas participaron en las labores de lucha contra el fuego a lo largo de estos 51 días, un dato que la consejera de Desarrollo Sostenible, Mercedes Gómez, trasladó a las Cortes regionales apenas unas horas antes de que se declarara la extinción oficial.
La emergencia también afectó de lleno a la vida de miles de vecinos. Treinta y cuatro municipios tuvieron que ser evacuados durante los momentos más críticos, mientras que otros catorce permanecieron en régimen de confinamiento preventivo para garantizar la seguridad de sus habitantes.
El anuncio de la extinción llegó a través de las redes sociales del Gobierno regional, donde se comunicó la noticia que tanta gente llevaba semanas esperando.
El balance final convierte a este incendio en uno de los más grandes y prolongados de la historia reciente de Castilla-La Mancha, un recordatorio doloroso de la fragilidad de los montes ante las olas de calor y las condiciones extremas que cada verano amenazan con mayor intensidad.
Ahora comienza la larga tarea de evaluar los daños, restaurar el terreno afectado y aprender las lecciones que este fuego deja tras de sí.
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