Es Migjorn Gran ha dado su brazo a torcer. La brigada municipal del consistorio clausuró este martes, a las 13.30 horas, los dos únicos lavapiés que seguían en funcionamiento en toda la isla de Menorca, ubicados en la playa de Sant Tomàs. Con esta medida, la isla queda por fin unificada bajo las restricciones de uso del agua impuestas por la situación de prealerta por sequía.

Menorca

Hasta ese momento, el Ayuntamiento de Es Migjorn Gran había mantenido operativas estas instalaciones argumentando que su función era de conservación medioambiental: al limpiar los pies antes de abandonar la playa, los bañistas evitaban llevarse arena adherida a la piel, reduciendo así la pérdida de sedimento del arenal. Una justificación que, para muchos vecinos y visitantes, no resultó convincente.

La decisión del consistorio contrastaba con la postura adoptada por el resto de municipios de la isla, que habían clausurado duchas y lavapiés como parte de las medidas de ahorro hídrico ante la delicada situación de los recursos de agua en Menorca. Esa desigualdad generó un malestar creciente entre la ciudadanía.

En los últimos días, varios vecinos impulsaron una campaña de recogida de firmas a través de Change.org exigiendo al Ayuntamiento que rectificara. Los promotores de la iniciativa señalaban que la justificación técnica ofrecida por el consistorio no estaba suficientemente respaldada y que mantener esos grifos abiertos era, sencillamente, una contradicción con el esfuerzo colectivo que se pide al resto de la isla.

Las imágenes de un riachuelo de agua dulce saliendo de uno de los lavapiés y discurriendo directamente hasta el mar habían alimentado aún más el debate público en plena ola de calor, con temperaturas que en algunos puntos de Menorca generan sensaciones térmicas nocturnas que superan los 35 grados.

El Ayuntamiento, por su parte, había insistido hasta el último momento en que el servicio respondía exclusivamente a criterios de conservación de la playa. Paralelamente, el municipio tiene pendiente un proyecto para sustituir los actuales lavapiés por un sistema alimentado con agua de mar, lo que eliminaría la necesidad de recurrir al agua potable para este fin.

Con el cierre de estos dos puntos, desaparece la última excepción que existía en Menorca y el conjunto de la isla presenta ahora una respuesta uniforme ante una crisis hídrica que no da tregua este verano.

por Redacción Actualidad Vecinal

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