El emblemático faro de la Punta de la Silla, uno de los rincones más fotografiados de San Vicente de la Barquera, afronta un cambio de era. Este otoño dejará de acoger el Centro Receptor del Parque Natural de Oyambre, función que ha desempeñado durante más de quince años, y nadie sabe todavía qué será de él.

La causa del cambio es el traslado de dicha sede a la rehabilitada Casa Pozo, cuyas obras están a punto de concluir. Así lo ha confirmado el director general de Biodiversidad del Gobierno de Cantabria, Ángel Serdio, quien apunta a que el traslado se producirá a lo largo de los próximos meses.
Cuando eso ocurra, tanto las exposiciones que hoy alberga el faro como el personal que lo atiende abandonarán el edificio de forma definitiva. El año pasado, el espacio recibió a 17.398 visitantes, una cifra que da idea de su peso como recurso turístico para el municipio.
La alcaldesa de San Vicente, Charo Urquiza, admite que el Ayuntamiento maneja varias opciones pero que, a día de hoy, no hay ninguna decisión tomada. Además, recalca que nadie les ha comunicado de manera oficial el traslado. El reloj, sin embargo, ya corre.
El faro pertenece a la Autoridad Portuaria de Santander y fue cedido al Consistorio en 2007 mediante un convenio de 25 años. Poco después se acometió una rehabilitación integral del espacio con una inversión de 360.000 euros, financiada entre fondos municipales y europeos del programa Leader.
Aquel proyecto inicial tenía su propio sueño: convertir el faro en un pequeño museo sobre la cultura marinera de la villa, con una cafetería que garantizara su viabilidad económica todo el año. Sin embargo, en 2011 el espacio fue reconvertido en centro receptor del parque natural, uso que siempre se consideró provisional.
Ahora la provisionalidad llega a su fin y San Vicente tiene por delante pocas semanas para decidir qué hacer con un lugar que, a 43 metros de altura sobre el nivel del mar, ofrece unas vistas únicas sobre la ría, la playa de Merón y los acantilados de la costa occidental de Cantabria.
El faro no puede quedarse vacío. Quizá sea el momento de recuperar aquel proyecto marinero con el que nació, o quizá la villa imagine algo nuevo. Lo que está claro es que uno de sus iconos más queridos no puede apagarse.
Más noticias de Santander
Santander moviliza seis informes técnicos ante el juez para blindar el cierre del arco de Faro al tráfico rodado
Los primeros adjudicatarios de las VPO de Orejo renuncian a sus pisos y el Gobierno busca nuevos inquilinos
Piélagos transforma una terraza abandonada en Liencres en una sala con vistas al mar por 273.000 euros