El gran incendio forestal que sigue activo en la Sierra Oeste de Madrid ha dejado un rastro de destrucción sin precedentes para el campo madrileño. La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Madrid ha presentado un primer balance del desastre que dibuja un panorama devastador para miles de familias del sector.

De manera preliminar, la organización calcula que las llamas han calcinado en torno a 28.000 hectáreas en total, de las cuales unas 18.500 corresponden a superficie agraria útil. El dato no es solo una cifra: detrás hay explotaciones familiares, modos de vida y territorios que tardarán muchos años en recuperarse.
La mayor parte del daño, unas 17.200 hectáreas, afecta a pastos. Esto significa que los ganaderos de la zona se verán obligados a comprar alimento para su ganado durante al menos dos o tres años, un gasto que amenaza la viabilidad económica de muchas explotaciones. Cerca de 700 hectáreas de cultivos permanentes, entre olivares y viñedos, también han quedado arrasadas. Los viñedos afectados pertenecen en su mayoría a la Denominación de Origen Vinos de Madrid, con especial impacto sobre la variedad Albillo.
Los municipios más castigados son Navas del Rey y Pelayos de la Presa, donde prácticamente la totalidad de su superficie agraria ha quedado quemada. Les siguen Colmenar del Arroyo, con casi la mitad del territorio afectado, y San Martín de Valdeiglesias, con cerca de un 45%.
Si hay un sector que concentra la mayor preocupación, ese es el apícola. La Sierra Oeste albergaba una actividad apicultora muy intensa, y las colmenas han quedado completamente destruidas. Lo más grave es que la zona no podrá acoger nuevas colmenas en mucho tiempo, lo que condena a esos apicultores a una situación sin salida a corto plazo.
A la tragedia del fuego se suma la polémica por la suspensión temporal del uso de maquinaria agrícola decretada por el Ministerio del Interior. Los agricultores consideran que la medida mete a todo el sector en el mismo saco, sin distinguir entre trabajos de alto riesgo como la cosecha de cereal seco y labores sin ningún peligro como la poda de planta verde. Mientras, alertan de que cosechas enteras de plantas aromáticas o alfalfa pueden perderse si no se recogen en su momento.
Desde la organización reclaman un pacto político que cuente con los propios agricultores y ganaderos a la hora de diseñar estas normativas. También señalan al cambio climático como el motor que explica la creciente frecuencia e intensidad de estos episodios, y recuerdan que los cerca de 2.000 agricultores madrileños gestionan el 62% del territorio autonómico.
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