Las llamas que arrasaron el valle del Pirón no solo dejaron ceniza y tierra quemada. También encendieron una conversación que llevaba años apagada: la del papel que los usos tradicionales del monte pueden jugar en la prevención de los grandes incendios forestales.

En Brieva, como en otros municipios de la provincia, todavía sobrevive la tradición de las suertes de leña, un reparto comunal heredado de generaciones anteriores. Lo que fue durante siglos una necesidad para calentar los hogares se ha convertido hoy en una costumbre que, además de su valor histórico, contribuye al aprovechamiento ordenado y a la limpieza de determinadas zonas forestales.
La dehesa afectada por el fuego es un ejemplo de ello, igual que la ganadería extensiva, con vacas que aprovechan los pastos y mantienen activo el suelo, aunque este modelo retrocede cada vez más en buena parte de la provincia.
El monte segoviano fue durante siglos un lugar de trabajo. En la Tierra de Pinares, la resina convirtió al pino negral en fuente de empleo. En la Sierra de Guadarrama, la madera dio origen al gabarrero. En Cantalejo se fabricaban trillos y en Navas de Oro se producía pez. Resineros, pastores, leñadores y agricultores recorrían el territorio a diario y, sin saberlo, ejercían una vigilancia constante sobre él.
Mucho antes de que existiera el concepto de gestión forestal sostenible, los pueblos ya regulaban el uso del monte mediante ordenanzas y acuerdos vecinales. Las Comunidades de Villa y Tierra, surgidas en la repoblación medieval, organizaron durante siglos el aprovechamiento de amplios territorios. Un informe del Procurador del Común fechado en 2011 señalaba que el 41,4 por ciento de las administraciones locales consultadas en Segovia mantenían bienes comunales activos.
Pero la modernización agrícola, la llegada de nuevas fuentes de energía y el éxodo rural rompieron ese equilibrio. Los jóvenes se marcharon de los pueblos, los trabajos forestales perdieron rentabilidad y el monte quedó sin la presencia cotidiana de quienes dependían de él.
La consecuencia ha sido una acumulación progresiva de vegetación y biomasa. Gerardo Carretero, ganadero de Berrocal afectado por el incendio, lo resume con claridad: durante los últimos treinta años ha crecido todo tanto que cuando llega un incendio resulta imposible de atajar.
El consejero de Agricultura de Castilla y León ya ha reclamado públicamente la vuelta a los usos tradicionales. El debate, al menos, ha vuelto a ponerse sobre la mesa. Ahora queda saber si esta vez se traduce en algo más que palabras.
Más noticias de Segovia
La oposición en Segovia denuncia opacidad en el aparcamiento de autobuses del Regimiento que prometió el PP para el verano
Valseca se viste de fiesta para honrar a su patrona en el día más esperado del año
Una joven pasa casi una hora encaramada a lo alto del Acueducto de Segovia antes de ser rescatada por los bomberos