La UD Logroñés demostró este fin de semana que el corazón también puntúa. Los riojanos igualaron a uno frente al Pontevedra en un partido que se complicó en la primera hora cuando el equipo se quedó con diez jugadores sobre el césped.

Un resultado que, sobre el papel, puede parecer un buen botín arrancado con uñas y dientes, pero que a Adrián Bolo le supo a poco. El central madrileño, uno de los más sólidos del bloque blanquirrojo, salió con la cabeza bien alta y con la ambición intacta pese al esfuerzo descomunal exigido a sus compañeros.
«Es un buen punto, pero les habíamos cogido un par de veces que, si hubiéramos estado más acertados, nos podíamos haber llevado los tres puntos», declaró Bolo al término del encuentro, dejando claro que la mentalidad del vestuario logroñés va mucho más allá de sobrevivir ante las dificultades.
Y es que jugar durante una hora en inferioridad numérica ante un rival como el Pontevedra no es tarea menor. Sin embargo, el Logroñés no se limitó a defender su portería. Los de Logroño buscaron el partido, crearon ocasiones y demostraron que la desventaja numérica no apagó su instinto competitivo.
Bolo fue precisamente uno de los pilares que mantuvo en pie la estructura defensiva riojana. Su bravura y su lectura del juego resultaron fundamentales para sostener el empate en el marcador y para transmitir esa sensación de equipo que no se rinde, que siempre busca más.
El punto conseguido tiene valor en la clasificación, pero el mensaje que lanza el vestuario tiene aún más peso. Un equipo capaz de competir con diez y que aun así lamenta no haber ganado es un equipo que mira hacia arriba, que no se conforma y que tiene argumentos para soñar con algo grande esta temporada.
La afición logroñesa puede estar orgullosa de los suyos. Cuando el fútbol pone las cosas difíciles, el Logroñés responde con carácter. Y Adrián Bolo es, sin duda, el reflejo exacto de esa forma de entender el juego.
Más noticias de Logroño
Cincuenta lápidas irrumpen en Logroño para exigir el fin de las corridas de toros con dinero públicoLa feria taurina de San Mateo en Logroño: luces y sombras en los carteles de una cita que no termina de convencer
La Ribera se desborda: diez mil personas arropan las vaquillas en el primer matinal de las fiestas