Decenas de personas recorrieron este domingo los terrenos donde el Gobierno de Cantabria quiere levantar una zona industrial de más de 620.000 metros cuadrados en el entorno de Solía, entre los municipios de El Astillero, Guarnizo y Villaescusa. La protesta, organizada por vecinos y asociaciones medioambientales, deja claro que el proyecto encontrará una oposición vecinal firme y organizada.

La ruta, de unos siete kilómetros, arrancó por la vía verde de Morero y llevó a los participantes hasta el campo de fútbol de Guarnizo, pasando por el interior de las fincas afectadas. Los asistentes pudieron ver de primera mano los terrenos que quedarían bajo hormigón y asfalto si el proyecto sale adelante.
El Ejecutivo regional impulsa este espacio industrial, que recibirá el nombre de Federico Cobo, con el objetivo de descongestionar los polígonos de Morero y Guarnizo, actualmente sin apenas suelo disponible para nuevas empresas. Sin embargo, para hacerlo realidad, necesita modificar el Plan de Ordenación del Litoral, lo que permitiría ganar hasta 90.000 metros cuadrados adicionales al redibujar la línea de protección de la ría. La iniciativa estaba prevista para el primer pleno parlamentario tras el verano, pero finalmente se ha aplazado.
Durante la marcha, el grupo hizo parada en el Palacio de Juenga para leer un comunicado y exponer los mapas del proyecto. Allí tomó la palabra José Antonio Lavín, vecino de la zona desde hace más de medio siglo y promotor de la iniciativa, que no escondió su enfado.
«Esto es un atentado por todos los sitios desde los que se mire», afirmó Lavín, quien reclamó a los responsables políticos que retiren el proyecto y que cualquier iniciativa pase antes por una negociación real con propietarios, vecinos y colectivos. «Nuestra pretensión es que el proyecto se retire íntegramente», subrayó.
Lavín advirtió también de que la modificación del límite de protección del litoral implicaría la expropiación de varias familias y la desaparición de la única ganadería extensiva que queda en El Astillero, además de una actividad equina con más de un siglo de historia en la finca Juenga.
Antes de comenzar la caminata, los asistentes recogieron firmas para constituir una asociación formal que canalice la oposición al polígono. Lavín lo resumió sin rodeos: «Va a ser un camino muy largo y se lo vamos a poner muy difícil a los políticos».



