Llodio recupera por fin su referente cultural. El Palacio de los Marqueses de Urquijo, sede de la Casa de Cultura del municipio alavés, ha concluido una profunda rehabilitación interior que arrancó en la primavera de 2023 y que ha supuesto una inversión de 5,5 millones de euros. Tras más de tres años de actividad dispersa por distintos edificios del municipio, los servicios culturales vuelven a casa.

Durante todo este tiempo, Llodio ha hecho cultura de prestado. Talleres, ludoteca y otros servicios han pasado por el edificio del Crucero, el antiguo colegio de Gardea, Zubiko Etxea o el Centro de Educación de Adultos de Latiorro, entre otros espacios. Una situación provisional que, a partir de octubre, quedará definitivamente atrás.
El primer servicio en volver fue el euskaltegi, que regresó al palacio el pasado mes de junio. El curso 2026-2027 ya ha comenzado en sus aulas reformadas, instaladas hasta entonces en Latiorro.
Ahora le toca el turno al resto. Los talleres de manualidades regresan con una oferta de alrededor de quince propuestas semanales: pintura para niños, jóvenes, adultos y mayores de 65 años, además de artes decorativas, talla de madera y bolillos. Las inscripciones estarán abiertas hasta el 23 de septiembre, las plazas se sortearán el día 24 y las clases arrancarán el 5 de octubre. Los precios van de 84 a 234 euros según las horas, con bonificaciones para empadronados.
La ludoteca también regresa al espacio que ocupaba antes de las obras, en la planta baja del ala oeste, frente al salón de espejos. Ha pasado por varios emplazamientos e incluso tuvo que cerrar temporalmente por falta de locales adecuados. Atenderá a niños de 2 a 10 años desde el 1 de octubre, con una cuota de 5,46 euros al mes.
El regreso tendrá también su momento simbólico. El colectivo Kulturlab ofrecerá el 1 de octubre una performance con muebles recogidos durante una campaña celebrada este verano, una acción que servirá como acto inaugural del nuevo espacio cultural.
Además, está prevista la apertura de la antigua biblioteca reconvertida en Gazteleku, una vez finalizado el acondicionamiento de su interior.
Llodio cierra así un capítulo largo y, para muchos vecinos, incómodo. El palacio de Lamuza recupera su papel como corazón cultural del municipio.



