El Parque de Olivares se convierte en escenario de la memoria: Lorca y los olvidados de las fosas toman el barrio zamorano

El teatro volvió anoche al Parque de Olivares para dar voz a quienes nunca la tuvieron. La compañía Proyecto 43-2, galardonada con el Premio El Ojo Crítico en 2025, representó el 13 de septiembre su obra Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva en un espacio que, por su propia historia, reforzaba el mensaje de la función.

El Parque de Olivares se convierte en escenario de la memoria: Lorca y los olvidados de las fosas toman el barrio zamorano

La representación no era la primera prevista. Una lluvia inoportuna en agosto obligó a suspender la cita, por lo que anoche fue la segunda oportunidad, y esta vez el parque respondió.

El montaje prescinde de grandes decorados. Unas sillas, tres actores, varias maletas, cajas y una tira de papel con nombres escritos componían toda la escenografía. Esos objetos cotidianos, sin embargo, fueron transformándose a lo largo de la función en huellas de vidas truncadas, en rastros de personas que desaparecieron sin que nadie les pusiera un nombre durante décadas.

Federico García Lorca abre la puerta, pero no la cierra solo. La compañía construyó el espectáculo tras un año y medio de investigación histórica junto al equipo científico de la Universidad de Granada que trabaja en las exhumaciones del Barranco de Víznar. El resultado es lo que ellos mismos definen como un thriller de objetos documentales, una pieza donde la investigación forense se convierte en materia teatral.

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Entre los nombres que aparecen en escena figuran figuras como Agustina González López, conocida como La Zapatera, escritora, feminista y candidata política en 1936 que fue ejecutada en Víznar, o el periodista Constantino Ruiz Carnero. Personas que, junto a muchas otras, quedaron fuera durante generaciones del relato oficial.

La elección del lugar no fue casual. El Parque de Olivares se encuentra junto al monolito dedicado a los represaliados por el franquismo en Zamora, de manera que el espacio y el contenido de la obra terminaron encontrándose antes incluso de que comenzara la función.

La compañía tiene previstas nuevas representaciones en Madrid, Valladolid, San Roque, Pamplona, Tenerife y Galicia, entre otros destinos. Pero en Olivares, con ese monolito de fondo y los vecinos del barrio como testigos, la obra adquirió anoche una dimensión que difícilmente se puede reproducir en un teatro convencional.

La memoria, al fin, ocupó el lugar que le corresponde.