El sistema educativo de Cantabria goza de buena salud, pero tiene deberes pendientes. Así lo concluye el organismo que representa a toda la comunidad educativa de la región, que ha presentado su informe anual y ha trasladado al Gobierno cántabro siete propuestas de mejora urgentes.

El documento, de más de 260 páginas y 200 tablas, recoge datos positivos como una de las tasas más bajas de abandono escolar temprano del país y un alto porcentaje de población con estudios superiores a la Secundaria. Sin embargo, sus responsables advierten de que estos logros no deben llevar a la autocomplacencia.
La preocupación más inmediata es la caída demográfica. Este curso, los centros cántabros cuentan con 1.300 alumnos menos, una cifra que en tres años suma más de 5.000 estudiantes perdidos. Ante esta realidad, se reclama abrir un debate amplio con familias, docentes y centros sobre cómo reorganizar los recursos educativos y qué modelo de escolarización debe plantearse para el futuro.
Los resultados académicos también generan inquietud. En las últimas evaluaciones de diagnóstico de 4º de Primaria y 2º de la ESO, los datos empeoraron en las dos materias clave. Los expertos hablan de un estancamiento estructural en Matemáticas y de un descenso significativo en Lengua Castellana, lo que lleva a exigir medidas concretas para revertir la tendencia.
Otro flanco crítico es el presupuestario. La ejecución del gasto en obras y equipamientos de los centros escolares fue del 30% en 2022 y del 51% en 2023, una infraejecución que los representantes educativos califican de crónica. La aspiración es que ningún colegio tenga que esperar cursos enteros para arreglar una gotera en el tejado.
En cuanto a la convivencia, los datos del curso 2024/25 revelan que se abrieron 142 protocolos de acoso escolar en la región, de los cuales se confirmaron 31 casos, 26 de ellos en centros públicos. El Consejo pide reforzar los recursos destinados a la prevención del acoso y la violencia en los centros.
Las propuestas se completan con el impulso a programas de excelencia para el alumnado con mejor rendimiento, una mayor presencia de familias y estudiantes en los órganos de participación escolar y un análisis riguroso del uso de herramientas digitales e inteligencia artificial en las aulas.
El mensaje es claro: Cantabria tiene una educación sólida, pero el reloj demográfico y los retos pedagógicos no esperan.



