El viaducto de Arco de Ladrillo volvió a protagonizar un corte de tráfico este pasado miércoles, 5 de agosto, cuando operarios del Ayuntamiento de Valladolid interrumpieron uno de los dos carriles de salida de la ciudad en dirección a Laguna de Duero para llevar a cabo una inspección de sus guardarraíles.

Según explicaron fuentes de la Concejalía de Tráfico y Movilidad, el objetivo de la actuación era «comprobar la estabilidad y seguridad» de los laterales de esta veterana infraestructura. Una intervención breve, circunscrita a las horas de la mañana, pero que obligó a los conductores a extremar la precaución y armarse de paciencia en pleno inicio del mes vacacional.
No es la primera vez que este paso elevado requiere atención sobre sus defensas. El pasado 2 de febrero ya se produjo un corte puntual para sustituir un pretil dañado tras un accidente ocurrido el 7 de enero. Las revisiones de este tipo forman parte del plan de mantenimiento habitual del Ayuntamiento para una infraestructura que lleva meses bajo seguimiento estrecho.
Y es que el viaducto arrastra desde hace tiempo la vigilancia de pequeñas grietas aparecidas en las juntas de dilatación del tablero, que tuvieron que ser reparadas en horario nocturno el pasado mes de abril. Los técnicos municipales ya advirtieron entonces de que la reaparición de esas fisuras era algo previsto tras las obras de remodelación concluidas en mayo de 2025, y que se esperaría al verano para evaluar su evolución en condiciones de «máxima contracción», cuando los contrastes térmicos entre el frío y el calor hacen más evidentes las aperturas en el asfalto.
Todo ello se enmarca en el contexto de la gran intervención acometida sobre esta estructura de los años 60, que supuso una inversión de 2,3 millones de euros y mantuvo cortado el tráfico durante un año entero, entre junio de 2024 y mayo de 2025. Aquellas obras ampliaron el tablero e instalaron una triple bionda lateral con el fin de garantizar, según palabras del propio alcalde Jesús Julio Carnero, una durabilidad de «otros cincuenta años».
Por ahora, los vallisoletanos tendrán que seguir conviviendo con las revisiones periódicas de un viaducto que, aunque renovado, todavía necesita que los técnicos le tomen el pulso de vez en cuando.
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