La Direcció General d’Emergències i Interior del Govern balear atraviesa una crisis interna de notable envergadura. Once altos funcionarios han abandonado sus cargos entre octubre de 2024 y el pasado 1 de julio, una sangría de talento y experiencia que ha puesto en evidencia las tensiones que sacuden a uno de los organismos más sensibles para la seguridad ciudadana de las islas.

De esas once salidas, seis son bajas definitivas y cinco corresponden a traslados temporales a través de comisiones de servicio. La coincidencia en el tiempo no pasa desapercibida: todos estos movimientos se produjeron tras la llegada al frente del organismo del actual director general, Pablo Gárriz, también en octubre de 2024.
Entre las bajas definitivas figuran perfiles de alto peso institucional. Dejaron sus puestos la jefa del departamento de Interior, el jefe del servicio de Actividades Clasificadas, el jefe del servicio de Logística de Emergencias y el jefe del Instituto de Seguridad Pública de las Illes Balears (ISPIB). A ellos se suman un técnico coordinador de Emergencias y la secretaria del departamento.
Los cinco funcionarios en comisión de servicio completan el cuadro: dos técnicos operativos del Gestió d’Emergències de les Illes Balears (GEIB), un jefe de sección, un jefe de negociado y un técnico administrativo, todos ellos recolocados en nuevos destinos.
A fecha de 1 de julio, seis plazas permanecían sin cubrir. Desde la dirección general aseguran que la situación está prácticamente resuelta, con solo una vacante pendiente y otra prevista para cubrir en septiembre.
Las dos lecturas del caso no podrían ser más dispares. El Govern lo encuadra en los movimientos ordinarios de la función pública, algo habitual en cualquier administración. Sin embargo, fuentes próximas a los afectados apuntan directamente a la forma de dirigir de Gárriz como el origen de un clima laboral deteriorado que habría empujado a estos profesionales a buscar otros destinos.
La acumulación de marchas en tan poco tiempo, y sobre todo el perfil técnico y de alta responsabilidad de quienes se han ido, enciende las alarmas. Los servicios de emergencias exigen continuidad, coordinación y memoria institucional para responder con eficacia cuando más se los necesita.
La ciudadanía balear merece una estructura de emergencias sólida y estable. El Govern tiene ahora la obligación de dar explicaciones claras sobre lo ocurrido y garantizar que el organismo está en condiciones óptimas para cumplir su función.



