La Peña Philips sale a la calle disfrazada de toreros para señalar al Ayuntamiento de Calahorra por cancelar los toros

Las fiestas de Calahorra han dejado este año un sabor agridulce entre los vecinos. La ausencia de espectáculos taurinos y de las populares sueltas de vaquillas ha marcado una programación que muchos calagurritanos han sentido incompleta, y que una peña local ha convertido en crítica festiva con mucho ingenio y no poco humor.

La Peña Philips sale a la calle disfrazada de toreros para señalar al Ayuntamiento de Calahorra por cancelar los toros

El detonante de la polémica es conocido. El Ayuntamiento decidió suprimir toda actividad taurina alegando las obras previstas en la plaza de toros. Sin embargo, esos trabajos apenas han pasado de unas primeras catas en el terreno y, a fecha de hoy, todavía no han arrancado de verdad. Para colmo, el municipio tampoco ofreció una programación alternativa que ocupase las horas que habitualmente llenaban los festejos con los astados.

El resultado ha sido unas tardes de fiestas llamativamente vacías, sostenidas en buena medida por el esfuerzo y la iniciativa de las propias peñas.

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En fiestas

La Peña Philips decidió no quedarse callada. Aprovechando la tradicional bajada a la pelota del domingo, la peña organizó una comitiva que recuperó la estampa clásica de las bajadas desde la plaza del Raso: coche para los Reyes de las Fiestas, charanga animando el recorrido y peñistas volcados en la celebración. Pero esta vez venían acompañados de una cuadrilla muy particular: toreros, mulillas y una ristra de disfraces del mundo taurino desfilaron por las calles de Calahorra recreando, con ironía afilada, una de las imágenes que este año ha brillado por su ausencia.

El mensaje más contundente llegó al final del cortejo. Una pancarta cerró la comitiva con una frase directa y sin margen para la interpretación: «Este año, la ‘puerta grande’ para el Ayuntamiento».

La ocurrencia ha conectado con el sentir mayoritario de los vecinos, que durante toda la semana de fiestas han comentado entre sí la falta de actividad taurina sin que nadie desde el consistorio diese explicaciones satisfactorias ni propusiera nada para compensarlo.

La Peña Philips ha logrado así lo que pocas veces consigue la crítica política: hacer reír y reflexionar al mismo tiempo. Y de paso, ha recordado que las fiestas de un pueblo no se sostienen solo con buenas intenciones, sino con programación, compromiso y, cuando toca, también con toros.