La plaza de La Sal revienta con Melon Diesel y un viaje al pasado para abrir las fiestas de Aranda

Aranda de Duero arrancó sus fiestas patronales en honor a la Virgen de las Viñas con un concierto que muchos no olvidarán fácilmente. La banda gibraltareña Melon Diesel tomó la plaza de La Sal en la noche del sábado para convertir el preludio festivo en una máquina del tiempo musical que devolvió a los arandinos a finales de los años noventa.

La plaza de La Sal revienta con Melon Diesel y un viaje al pasado para abrir las fiestas de Aranda

El acto, organizado por los bares de la Zona Centro y con el patrocinio de un conocido diario provincial que celebra su 135 aniversario, se ha consolidado como el puente entre el Pregón y el Cañonazo, ese momento en el que la ciudad se afina antes de lanzarse de lleno a la semana grande.

La convocatoria llegó con cierto componente de sorpresa, pero los que acudieron saben perfectamente lo que encontraron: veinticinco años después de la publicación de La Cuesta de Mister Bond, Dylan Ferro y los suyos regresaron a los escenarios para recordar por qué fueron uno de los nombres propios del pop-rock español en el cambio de milenio.

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En fiestas

La plaza tardó en llenarse, pero cuando Melon Diesel arrancó con Grita, la cosa cambió. Contracorriente, Por ti, Quiero un camino o Volar fueron desgranando sus estribillos ante un público que los tenía grabados a fuego desde adolescente. Padres que cantaban a sus hijos canciones que antes escuchaban pegados a la radio, grupos de amigas que bailaban como si los años no hubieran pasado, parejas que reconocían en esas melodías el hilo de su propia historia.

Porque hay conciertos que son música y hay conciertos que son memoria. El de anoche en Aranda fue de los segundos. Los que estuvieron allí no fueron solo a escuchar, fueron también a encontrarse con quien fueron.

La banda, lejos de perder fuerza con el tiempo, demostró que conserva intacta la chispa sobre el escenario. Las guitarras sonaron como siempre, altas y directas, y el público las recibió con una entrega que fue creciendo hasta el cierre, cuando la plaza se apretujó frente al escenario en una comunión que pocas veces se ve en un concierto de apertura.

Aranda se ha puesto el pañuelo de hierbas. Las fiestas han comenzado de la mejor manera posible: con buena música, buenos recuerdos y las ganas de seguir celebrando que caracterizan a la capital ribereña.