Los propietarios de La Trastienda del 13, en el corazón del centro histórico de León, vivieron el pasado 16 de agosto una situación límite: llegaron a abrir su local al mediodía y los operarios de la obra no les permitieron acceder. Tuvieron que cancelar las reservas del día.

El incidente resume semanas de frustración acumulada por un negocio que, como otros tantos de la calle Ancha y sus alrededores, lleva meses sufriendo las consecuencias de una remodelación urbana que consideran mal planificada en los tiempos.
Uno de los socios del restaurante deja claro que no cuestionan la necesidad de las obras. Al contrario, reconocen que el centro de León necesita esa renovación y que los impuestos están para eso. Lo que no comprenden es por qué el ritmo de los trabajos se ha acelerado precisamente en verano, cuando más turistas llenan la zona y cuando el negocio necesita estar a pleno rendimiento.
Según su relato, la obra estuvo ralentizada durante los primeros meses, con avances escasos y muchos errores. Fue al llegar el calor, la afluencia turística y la temporada alta cuando las máquinas y las vallas tomaron por completo la calle. El resultado: polvo, ruido y accesos cortados en el momento en que el barrio debería lucir en su mejor versión.
Desde enero, los socios del local llevan preguntando al Ayuntamiento de León por los plazos y la planificación. La respuesta, según denuncian, ha sido siempre la misma: el silencio. «Nadie, nunca nos dijo nada en el Ayuntamiento. Nada, cero, nunca», lamenta uno de ellos, que asegura acudir con frecuencia al consistorio por otros trámites y aprovecha cada visita para intentar obtener información.
El único plazo concreto que recibieron llegó de la propia empresa concesionaria, que les indicó una fecha aproximada de llegada de las obras a su tramo. Confiando en ese dato, retiraron la terraza antes de tiempo. La fecha pasó sin que nada ocurriera y tuvieron que volver a montarla.
Lo del lunes 16 fue ya demasiado. No poder entrar a su propio local con reservas esperando supone una pérdida económica que, advierten, nadie les va a compensar. Señalan que una cosa es perder el uso de la terraza, algo contemplado en la normativa municipal, y otra muy distinta es que se les impida trabajar.
Los vecinos y comerciantes de la calle Ancha esperan que el Ayuntamiento mejore la coordinación con los negocios afectados antes de que el verano termine de llevarse por delante lo que queda de temporada.
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