Los vallisoletanos que acostumbran a encenderse un cigarrillo mientras toman algo en una terraza tendrán que cambiar sus hábitos si sale adelante el anteproyecto de ley impulsado por el Ministerio de Sanidad. La reforma de la normativa antitabaco prevé ampliar las zonas donde no se podrá fumar a un extenso listado de espacios al aire libre.

El documento, que aún necesita el visto bueno del Consejo de Ministros para convertirse en ley, recoge restricciones que van mucho más allá de lo aprobado en 2011, cuando se prohibió fumar en el interior de bares, restaurantes y discotecas. Ahora el foco se pone en los espacios exteriores, incluidas las terrazas de hostelería, los recintos de espectáculos y los conciertos al aire libre.
La norma fija también una distancia mínima de 15 metros para quien quiera fumar cerca de paradas de autobús, exteriores de estaciones de tren como Campo Grande, centros sanitarios, educativos, universitarios o sociales, así como parques infantiles y zonas culturales y deportivas. En gradas e instalaciones deportivas, la prohibición se aplicará aunque no haya nadie presente en ese momento.
Los vehículos de transporte tampoco quedarán al margen. La restricción se extenderá a su interior con o sin acompañantes a bordo.
Uno de los aspectos más destacados de la nueva ley es que equipara los cigarrillos electrónicos y los vapeadores con el tabaco tradicional, sometiéndolos a los mismos vetos tanto en espacios cerrados como en exteriores. También se incluyen las bolsitas de nicotina oral, los productos a base de hierbas para vaporizar o inhalar, como las shishas, y los dispositivos para consumo de tabaco calentado.
La medida llega en un momento en que el uso de estos productos alternativos crece especialmente entre los jóvenes. Por ello, la norma prohíbe expresamente el consumo a los menores de edad y establece que, en caso de sanción, la multa recaerá sobre quien les haya proporcionado los productos.
El régimen de infracciones prevé sanciones económicas para quienes incumplan las prohibiciones, aunque los detalles concretos de las cuantías quedarán fijados en el texto definitivo de la ley.
Valladolid, como el resto de ciudades españolas, deberá adaptarse a una nueva cultura del ocio y la hostelería si el anteproyecto logra superar los trámites parlamentarios. Un cambio que transformará la imagen habitual de sus terrazas y espacios públicos.
