Desde lo alto del Castell de Sant Antoni de Fornells, Lina Roselló Pons protagonizó un pregón que emocionó a todo el pueblo. La única mujer pescadora de la localidad menorquina tomó la palabra para rendir tributo a quienes durante generaciones han hecho del mar su forma de vida.

Lina Roselló, la única pescadora de Fornells, abre las fiestas de Sant Antoni con un emotivo homenaje al mar y a sus gentes

El acto no siguió el formato tradicional de un pregón. Roselló compartió el estrado con el pescador jubilado Tolo Coll y el veterano restaurador Josep Garriga, convirtiendo el momento en una conversación entre amigos cargada de recuerdos, humor y profundo respeto por el oficio.

La pregonera arrancó con una anécdota que arrancó las risas del público: cuando recibió la llamada del Ayuntamiento, pensó que la avisaban por haber dejado mal aparcada la bicicleta. A partir de ahí, el tono se fue cargando de emoción.

Roselló evocó a su abuelo, Miquel «Patatu», que perdió la vida junto a su hermano Juanito en un golpe de mar. También recordó a su padre, quien con solo once años trabajó en el Hotel Port Mahón, donde conocería a su madre, y que años después abriría el restaurante Can Miquel tras comprar una embarcación que llevó el nombre del abuelo.

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Fue precisamente su padre quien, al plantearse jubilarse, le sugirió que probara a salir a pescar junto a su marido, Kiko Roselló. Eso fue hace veinte años. Desde entonces, Lina ha demostrado cada día que el mar no entiende de géneros. «Encima de una barca, lo único que cuenta es el trabajo», subrayó.

Reconoció que antes que ella otras mujeres de Fornells ayudaron a sus maridos en la mar, nombrando a Maruja, Marieta, Ana y Montse, entre otras.

La conversación giró también hacia los cambios del oficio: de guiarse por señas a la llegada del GPS, de las grandes capturas de langosta a las jornadas de tramontana en las que, como dicen los pescadores, toca «picar piedra».

El batle Joan Palliser y el presidente de la junta local, Carlos Rotger, recibieron el agradecimiento de la pregonera por este «regalo», como ella misma lo definió. También tuvo palabras para su marido y su hijo Nan, compañeros inseparables en la barca y en la vida.

Un pregón que no fue un discurso, sino una declaración de amor al mar, a Fornells y a todos los que alguna vez tiraron una caña desde el muelle con aquellas cañas improvisadas de la infancia.