Los barrios de Santander ganan la batalla al centro: cada vez más vecinos hacen vida sin salir de su zona

Los barrios de Santander viven un momento de auge. El aumento de servicios, la comodidad del aparcamiento y la proliferación de bares y terrazas están cambiando los hábitos de miles de santanderinos, que cada vez menos necesitan desplazarse al centro para disfrutar de su tiempo libre.

Los barrios de Santander ganan la batalla al centro: cada vez más vecinos hacen vida sin salir de su zona

Un sábado al mediodía es suficiente para comprobarlo. En Monte, las terrazas rebosan de gente. En El Alisal, los supermercados registran largas colas. En Nueva Montaña, familias con niños llenan los parques. En Castilla-Hermida, los jóvenes entran al gimnasio del barrio. Escenas cotidianas que, hace apenas unos años, habrían resultado poco habituales en estas zonas.

Los hosteleros son los primeros en notarlo. Miguel González, responsable del Passarola en Monte, lo tiene claro: mucha gente prefiere quedarse cerca de casa, sin mover el coche y sin los quebraderos de cabeza que implica aparcar en el centro. Su local funciona desde el desayuno hasta bien entrada la noche y se ha convertido en un auténtico punto de encuentro vecinal.

«Hace bastantes meses que ni bajo por el centro», reconoce Alberto Pajarejo, vecino de Monte y cliente habitual del Passarola. Viene andando desde casa y valora por encima de todo el trato cercano y familiar que encuentra en su barrio.

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En El Alisal, David Castillo, del bar Contrastes, asegura conocer a prácticamente todos sus clientes. «Son vecinos de aquí», explica. Esta zona, que ha crecido con fuerza en las últimas décadas, suma ahora una amplia oferta hostelera junto a grandes superficies comerciales y servicios esenciales.

En Castilla-Hermida, el responsable del bar La Graciosa apunta que el 95% de su clientela es del barrio. La dificultad para aparcar en la zona, paradójicamente, refuerza el hábito de moverse a pie y consumir en los locales más cercanos.

Nueva Montaña y Monte completan un panorama en el que las terrazas amplias, los servicios de proximidad y la aparición de nuevas urbanizaciones han contribuido a consolidar una identidad de barrio más fuerte y autónoma.

El centro de Santander sigue siendo un referente, pero ya no monopoliza el ocio ni el día a día de sus habitantes. Los barrios han crecido, se han equipado y han aprendido a retener a sus vecinos. Y estos, cada vez más, les devuelven el favor.