La ciudad de Maó echó a andar sus fiestas patronales más esperadas del año con un emotivo acto que reunió a decenas de vecinos en la plaza de la Parròquia para dar la bienvenida oficial a la qualcada.

El lunes por la tarde, a partir de las cuatro horas, la ciudad se transformó. El fabioler Víctor Pons fue el encargado de solicitar permiso al caixer batle, Héctor Pons, para iniciar el replec de la qualcada, un ritual cargado de simbolismo que marca el comienzo real de las fiestas. El volteo de campanas y una mascletà sellaron el momento y encendieron el ambiente entre los asistentes.
Mientras se esperaba la incorporación de los jinetes, la escalinata del Ayuntamiento se convirtió en un escenario espontáneo. La gente cantaba «Es Mahón», «Un senyor damunt un ruc» y «Són ses festes», creando una atmósfera de celebración genuina y popular. El propio caixer batle no dudó en sumarse al corro con una guitarra en mano antes de retomar su lugar oficial.
Poco antes de las cuatro y media, la caixera fadrina Ana Madrid recibió de manos de Héctor Pons la bandera de la qualcada entre aplausos, dando paso a la incorporación progresiva de los más de cien caballos que forman el corazón de la fiesta.
A las 17.25 horas, el caixer batle se unió a la comitiva junto al caixer capellà Llorenç Sales y el resto de la Junta de Caixers, formada por Miquel Company, Javier Comas, Sergi Mercadal, Vanessa Carreras, Adelaida Pons y Sito Seguí, para recorrer las calles de la ciudad con destino a la ermita de Gràcia, donde se celebraron las completas.
El desfile también contó con la participación de los gegants de Maó, figuras invitadas de otros municipios de la isla y los gegants de Sant Feliu de Llobregat, acompañados por la Banda de Música de Maó y la Txaranga Idò Sí.
Una jornada que dejó claro que Menorca sabe como ningún otro lugar convertir una tradición centenaria en un momento de unión colectiva.
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