Más de 800 viviendas vacías en Menorca: viejas, grandes y en pleno centro mientras la isla sufre una crisis de acceso a la vivienda

Un estudio sobre el parque residencial de Menorca ha revelado que más de 800 casas presentan indicios claros de desocupación, la mayoría de ellas situadas en los núcleos históricos de los municipios y con décadas de antigüedad a sus espaldas. El hallazgo llega en un momento especialmente sensible, cuando el acceso a una vivienda digna se ha convertido en uno de los principales problemas de la isla.

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De las 828 viviendas detectadas, 167 fueron construidas antes de 1900 y otras 160 datan de la primera mitad del siglo XX. El grueso del parque desocupado se levantó durante los años sesenta y setenta, que representan el 33 por ciento de los casos, mientras que otro 15 por ciento corresponde a las décadas de los ochenta y noventa. Solo un 12 por ciento de las viviendas identificadas son posteriores al año 2000.

El tamaño es otro rasgo definitorio de estas casas. El 63 por ciento supera los 105 metros cuadrados y más de un tercio rebasa los 150 metros cuadrados. Esta amplitud, sumada a la antigüedad de las construcciones, encarece enormemente cualquier intervención de rehabilitación y convierte a los propietarios en muchos casos en incapaces de asumir los costes necesarios para hacerlas habitables de nuevo.

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Por municipios, Alaior, Maó y Sant Lluís concentran las viviendas de mayor tamaño con indicios de desocupación. En Es Mercadal la distribución es más equilibrada, mientras que en Es Castell predominan los inmuebles de tamaño mediano.

La tipología que se repite una y otra vez es la de la casa tradicional entre medianeras, característica de los cascos históricos menorquines. Algunas de ellas podrían incluso encontrarse en un estado de abandono mayor al que refleja el estudio, dado que no disponen de contador de agua y por tanto quedan fuera del radar del análisis.

Ante este diagnóstico, las propuestas apuntan en tres direcciones: priorizar las ayudas públicas hacia el parque más antiguo, modular esas ayudas según las circunstancias de cada caso y fomentar la división de estas grandes casas en unidades residenciales más pequeñas y funcionales, que puedan responder mejor a la demanda actual de vivienda en la isla.

La paradoja resulta difícil de ignorar: cientos de viviendas cerradas en los centros de los pueblos mientras muchos menorquines no encuentran dónde vivir.