Menorca limpia seis torrentes para frenar las inundaciones antes de que lleguen las grandes tormentas de otoño

Menorca acaba de superar una alerta roja por tormentas y los recuerdos de las riadas que devastaron Es Mercadal, Alaior y Ferreries en los últimos años siguen muy presentes entre los vecinos. Ante esa amenaza, la Dirección General de Recursos Hídricos ya trabaja en seis cauces de la isla para reducir el riesgo de inundaciones.

Menorca limpia seis torrentes para frenar las inundaciones antes de que lleguen las grandes tormentas de otoño

Los torrentes en los que se está actuando en estos momentos son los de Ses Vinyes y Son Granot en Ferreries, Mont Palau y Carbonell en Es Mercadal, y los de Santa Catalina y Vergers de Sant Joan en el término de Maó. Los trabajos corren a cargo de operarios de la empresa Antonio y Diego, coordinados por Pedro Sáez, ingeniero agrícola con 26 años de experiencia en el mantenimiento de cursos de agua.

Sáez advierte de la peligrosidad que pueden alcanzar estas corrientes en episodios de lluvia intensa. El agua que baja por un torrente en plena riada puede moverse a la velocidad de un coche circulando a 80 kilómetros por hora, un dato que explica por qué la limpieza preventiva de estos cauces es tan importante.

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El técnico pide que no se juzgue su trabajo por una simple imagen de maquinaria actuando en el cauce. Según explica, lo relevante es observar cómo evoluciona el torrente en los meses y años siguientes, comprobando si ha recuperado su capacidad natural de regeneración.

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Cada torrente recibe un tratamiento adaptado a sus características. En el caso del torrente de Carbonell, situado dentro de la Xarxa Natura 2000, los trabajos respetan un hábitat protegido de tarayes. Si estos árboles no bloquean el paso del agua, se conservan. Si suponen un riesgo, se cortan pero se dejan las puntas para que rebroten, sin arrancar las raíces.

En el torrente de Ses Vinyes, los trabajos han sido especialmente delicados. La única maquinaria empleada ha sido una pinza para no arrastrar ramas ni dañar el entorno, y el resto de las tareas se han hecho a mano. Una de las labores más habituales y laboriosas es la extracción de los rizomas, las raíces de las cañas, para impedir que vuelvan a crecer.

La tierra extraída del cauce se aprovecha para suavizar la pendiente de los campos cercanos, de manera que aporten menos agua al torrente en caso de lluvia. Además, se plantarán acebuches para consolidar las riberas, y los restos vegetales eliminados se trituran para usarlos como compost en las fincas colindantes.

Un trabajo silencioso y técnico que busca que, cuando llegue la próxima tormenta fuerte, el agua encuentre el menor obstáculo posible en su camino hacia el mar.