Pepe Mompeán lleva año y medio al frente de uno de los proyectos más ambiciosos que ha emprendido Oviedo en las últimas décadas: la candidatura a Capital Europea de la Cultura 2031. Con la decisión final prevista para diciembre, el coordinador general del proyecto transmite calma y convicción a partes iguales.

«Estamos justos de tiempo, pero vamos bien», afirma Mompeán, que reconoce que el equipo está cerrando en este momento el programa artístico y el dossier definitivo que se presentará ante la Comisión Europea. El trabajo, dice, ha sido «excelente», especialmente teniendo en cuenta que otras ciudades finalistas llevan tres o cuatro años preparando su candidatura.
Uno de los cambios más visibles ha sido el giro en la percepción ciudadana. Al principio existía cierto escepticismo, reconoce el coordinador, quizás por desconocimiento o por falta de confianza en las posibilidades reales de Oviedo. Pasar a la fase final lo cambió todo. La ciudad empezó a mirar el proyecto de otra manera y a valorar el trabajo que se estaba haciendo en silencio.
El reto más difícil, según Mompeán, es conectar la cultura local con los valores y las redes europeas. No basta con tener buenas propuestas; hay que pensar en socios internacionales, en públicos que van mucho más allá de Asturias. Para eso, parte del tejido cultural de la región está siendo impulsado y capacitado desde la propia candidatura.
Pero la transformación no espera a diciembre. Este año ya se han puesto en marcha residencias artísticas en escuelas, colegios y centros sociales de Oviedo, dentro del Plan Estratégico de Cultura. Los resultados, asegura el coordinador, están siendo «fantásticos» y demuestran el poder de la cultura en los gestos cotidianos de los barrios.
Mompeán también subraya que la Comisión Europea ha cambiado su mirada: ya no premia solo a grandes capitales turísticas, sino a ciudades medianas con identidad propia. Y en ese perfil, Oviedo encaja perfectamente.
Sea cual sea el veredicto de diciembre, el coordinador tiene claro que la ciudad y la región ya han salido ganando. El proceso en sí mismo ha movido conciencias, ha generado redes y ha dejado una infraestructura cultural que no desaparecerá con el resultado.
«Pase lo que pase, Oviedo y Asturias ya han ganado», resume Mompeán. Una frase que, más que resignación, suena a convicción.
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