Un agujero en el pavimento, un solo cono de señalización y dos meses de silencio institucional. Así describen los vecinos de Villaobispo de las Regueras la situación que viven en el cruce de las calles Menéndez Pidal y Prados Rodríguez, donde un socavón junto a un paso de peatones lleva semanas creciendo sin que nadie lo remedie.

El problema tiene su origen en el deterioro de una alcantarilla que, según los propios residentes, llevaba años en mal estado. El tráfico rodado ha ido agravando la situación hasta romper el firme y abrir un hueco que no deja de agrandarse. Héctor Pablos, vecino de la zona, lo resume con claridad: al pasar los coches por encima se ha ido rompiendo el suelo hasta formarse el agujero actual.
Lo que más inquieta a los afectados no es solo el tamaño del hundimiento, sino su ubicación. Estar al lado de un paso de cebra lo convierte, a su juicio, en una trampa potencial para cualquier peatón despistado. «Tiene todos los ingredientes para que pase algo», advierten con preocupación.
Los vecinos aseguran haber intentado contactar con el Ayuntamiento de Villaquilambre en repetidas ocasiones, tanto por correo electrónico como por teléfono, sin recibir respuesta ni explicación alguna. La sensación de abandono se acumula desde hace años: ya en 2022 les comunicaron que había proyectada una actuación en la zona, pues por allí discurre una presa que provoca filtraciones en un edificio cercano. Cuatro años después, el terreno sigue deteriorándose.
La semana pasada, técnicos de la compañía de aguas realizaron marcas de pintura sobre la calzada, pero los vecinos insisten en que esos trabajos no han resuelto el hundimiento.
El Consistorio villaquilambrino ha roto su silencio para aclarar que la zona está señalizada correctamente y que el caso no responde a un deterioro ordinario del firme. Desde el Ayuntamiento explican que la afección está relacionada con la acequia del canal de riego y que mantienen conversaciones con la Comunidad de Regantes para determinar la mejor forma de actuar. Añaden, además, que ya estaban trabajando en el problema antes de que llegaran las quejas vecinales.
Los residentes, sin embargo, no perciben ese trabajo sobre el terreno. Con un cono como única barrera entre los viandantes y el agujero, cada día que pasa sin una solución real alimenta el temor a que haya que lamentar un accidente antes de que alguien actúe.
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