Un vecino de Berantevilla fabrica una señal de tráfico con papel y bridas y la Ertzaintza multa a 28 coches antes de descubrir el engaño

Un papel impreso, un plástico y unas bridas de ferretería. Con esos materiales, un vecino del municipio alavés de Berantevilla se las ingenió para colocar en un poste una señal de prohibido aparcar que parecía suficientemente oficial como para engañar a los agentes de la Ertzaintza. El resultado: 28 multas de 40 euros impuestas a conductores que habían dejado su coche junto al río Ayuda, una zona muy frecuentada en verano para darse un chapuzón.

El autor del ingenioso apaño echaba de menos una señal real que existió en ese cruce entre la calle Mayor y la carretera que lleva a Portilla hace ya más de una década. Cansado de ver vehículos estacionados frente a lo que ahora es un fondo de saco junto a una finca de labranza, decidió tomar cartas en el asunto por su cuenta. Descargó el icono oficial de prohibido aparcar, lo imprimió en color, lo plastificó y lo ató al poste. Listo.

El problema es que la broma no tardó en tener consecuencias reales. Los agentes de la policía autonómica que patrullaban la zona se tomaron la señal al pie de la letra y comenzaron a sancionar a los vehículos aparcados en el lugar.

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Vanessa llegó el jueves por la tarde desde Miranda de Ebro con sus sobrinos para disfrutar de la cascada del río Ayuda. Volvió a casa con una denuncia por «vehículo estacionado sin respetar señal de prohibido el estacionamiento» y un ataque de ansiedad. Junto a su coche fueron multados otros quince ese mismo día. «No hay quien lo entienda. Claramente se comprobaba que era un simple papel metido en un plástico. Eso lo podía hacer cualquiera», declaró indignada.

La alcaldesa del municipio, Isabel Arbaizagoitia, tuvo que interrumpir sus vacaciones para atender una avalancha de llamadas de vecinos y visitantes afectados. Fue tajante: el Ayuntamiento no tiene ninguna ordenanza que restrinja el aparcamiento en esa zona y la corporación municipal no guarda ninguna relación con la señal.

Finalmente, la Ertzaintza reconoció el error. Sus portavoces confirmaron que todas las multas serán anuladas al comprobarse que el cartel no estaba homologado.

El vecino que instaló la señal falsa tendrá que resignarse a seguir viendo coches aparcados junto al río cada verano. Los bañadores, las sillas de camping y las mesas plegables seguirán llegando a Berantevilla sin que nadie pueda impedirlo. Al menos, no con papel y bridas.