En pleno debate vecinal por la posible instalación de un centro de menores no acompañados en el barrio ovetense de La Florida, una voz joven ha decidido plantarse frente al discurso de rechazo. Andrea García, de 21 años y estudiante de Trabajo Social, colgó una pancarta en la ventana de su edificio con un mensaje claro y directo: «’La Flori’ acoge al que lo necesite».

La iniciativa nació de forma espontánea. Un día, al asomarse a la calle, Andrea vio un cartel que rezaba «Menas no». Aquello la removió por dentro y decidió investigar qué estaba ocurriendo en su propio barrio.
Al descubrir que se debatía la apertura de un centro para menores migrantes, consideró que la narrativa que se estaba construyendo era profundamente injusta. Para ella, el término «mena» funciona como una etiqueta que despoja a estos chicos y chicas de su condición más básica: la de ser niños o adolescentes.
«Es un colectivo sobre el que se criminaliza y se habla mucho, pero realmente es un colectivo débil al que se debería acoger y ayudar siempre que se pueda», afirma con convicción. Eso sí, matiza que también cree en la seguridad y en que el respeto debe funcionar en ambas direcciones.
La reacción de algunos vecinos no tardó en llegar. Desde la calle subían gritos como «acógelos tú» o «son unos delincuentes». Andrea los escuchó, los encajó y no cambió de opinión. Reconoce que no todo el mundo en su edificio tiene por qué compartir su punto de vista y dice respetar eso. Pero su cartel sigue ahí.
De hecho, ha tomado una decisión: lo volverá a colgar cada jueves. No busca el conflicto con nadie, solo quiere que en medio del ruido haya también otra voz. Una que recuerde que en La Florida, como en cualquier barrio, hay personas capaces de mirar a los más vulnerables sin miedo.
En un momento en que el debate sobre la acogida de menores migrantes divide comunidades en muchas ciudades españolas, el gesto de esta joven ovetense de 21 años resume con sencillez una postura que, aunque minoritaria en su entorno más inmediato, se niega a callar.



