Una logroñesa que lleva meses esperando atención en la Unidad del Dolor del Hospital San Pedro ha decidido alzar la voz para denunciar una situación que, según ella, afecta a muchos pacientes que conviven cada día con el sufrimiento mientras aguardan su turno.

La mujer ha querido dejar muy claro desde el principio que su queja no va dirigida en ningún momento contra los profesionales sanitarios que la atienden. Al contrario, reconoce su dedicación y profesionalidad. El problema, insiste, está en las listas de espera que se acumulan en esta unidad especializada, dejando a los pacientes sin respuesta durante semanas o incluso meses.
La Unidad del Dolor es un servicio especializado que atiende a personas con dolencias crónicas que en muchos casos resultan incapacitantes para la vida diaria. Quienes llegan hasta allí lo hacen después de un largo recorrido por consultas y tratamientos previos, lo que convierte cualquier demora adicional en una carga especialmente dura de soportar.
Esta vecina de Logroño ha querido transmitir lo que describe como una sensación de desesperación compartida por otros pacientes que se encuentran en su misma situación. Vivir con dolor crónico sin fecha concreta de tratamiento genera, según explica, una angustia que va más allá de lo físico y afecta directamente a la salud mental y a la calidad de vida.
La saturación de los servicios sanitarios especializados es una realidad que golpea con especial dureza a quienes padecen enfermedades que no permiten esperar. Las listas de espera en unidades como esta son uno de los puntos más sensibles del sistema público de salud en La Rioja, y casos como el de esta paciente ponen sobre la mesa la necesidad de reforzar los recursos disponibles.
Desde las administraciones competentes no ha trascendido por el momento ninguna respuesta oficial a este tipo de denuncias ciudadanas, aunque la voz de esta mujer se suma a un clamor cada vez más frecuente entre pacientes que reclaman soluciones reales y urgentes.
Su testimonio es el de muchas personas que cada mañana se levantan esperando una llamada que les diga que por fin tienen cita. Una espera que, cuando se vive con dolor, se hace infinita.



