Veinte metros cuadrados de patio acaban con 34 años de historia en la escuela infantil más querida de Segovia

La escuela infantil Kangurolandia bajó la persiana definitivamente el pasado 31 de julio. No por falta de niños. No por falta de familias. Sino por no poder disponer de los veinte metros cuadrados de patio privativo que exige la normativa para acceder a la gratuidad del primer ciclo de Educación Infantil. Tres décadas y media de historia educativa en Segovia se han cerrado de un plumazo burocrático.

Veinte metros cuadrados de patio acaban con 34 años de historia en la escuela infantil más querida de Segovia

Ana Hernando e Inmaculada López llevan tres años intentando encontrar una salida. Han pedido a vecinos que les cedieran un trozo de patio, al Ayuntamiento que les permitiera usar el callejón de Las Lastras donde sacaban a los niños cada día, y a la Junta de Castilla y León algún espacio donde cumplir el requisito. Incluso ofrecieron pagar un alquiler o asumir mejoras en patios comunitarios. Nada funcionó.

«Lo hemos llorado todo», reconocen. Ya no hay rabia. Solo cansancio y una impotencia que todavía les cuesta poner en palabras.

🎉
¡Coca está en fiestas!Encierros, peñas y qué hay hoy — programa en vivo12 — 17 agosto
En fiestas

Lo que hace aún más dura la situación es que Kangurolandia nunca dejó de ser un proyecto vivo y demandado. «Siempre hemos estado llenas y con lista de espera», recuerdan las fundadoras. Nunca imaginaron que el fin llegaría así. Pensaban que, si algún día cerraban, sería porque llegara la jubilación o faltaran niños. No por un requisito de metros cuadrados.

Noticias de Segovia en tu WhatsAppGratis, sin registros y sin que nadie vea tu número.
Unirme al canal

La historia de Kangurolandia arranca mucho antes de 1992. Todo comenzó con un servicio de canguros a domicilio que Ana Hernando puso en marcha al terminar la carrera de Psicología. De ahí surgieron los cumpleaños infantiles, luego la atención a niños por horas, y finalmente la convicción de que no querían solo cuidar a los pequeños, sino educarlos. En mayo de 1992 nació la escuela infantil, primero con Ana y más tarde con Inmaculada como socia, construyendo juntas un centro de referencia para varias generaciones de familias segovianas.

Su modelo siempre apostó por la vida fuera del aula: excursiones, bibliotecas, granjas escuela, jardines y cines. El callejón de Las Lastras, ese patio sin papeles que ahora las ha hundido, fue durante décadas el primer espacio exterior de muchos niños segovianos.

El golpe final tiene también una cara personal muy dura. Ambas son autónomas, no tienen derecho a prestación por desempleo y todavía no han alcanzado la edad de jubilación. Su futuro inmediato pasa por buscar trabajo.

Segovia pierde una escuela. Ellas pierden una vida entera de vocación.