El pasado domingo Vitoria vivió una jornada de solidaridad y emoción con la celebración de la Marcha Green, que reunió a 1.200 alaveses en torno a una causa muy presente en muchas familias: el alzhéimer. Familias, amigos, niños y mascotas recorrieron juntos las calles de la capital alavesa para visibilizar esta enfermedad y apoyar a quienes la padecen y a sus seres queridos.

La participación batió récords en esta edición, que quedará grabada en la memoria de muchos de sus protagonistas. Entre ellos, Sonia Rey y Mónica Merino, dos amigas habituadas a este tipo de eventos que coincidieron en señalar que «actividades como estas son imprescindibles» y que deberían repetirse a lo largo del año.
El primer puesto en cruzar la meta fue para Jose Javier Arrizabalaga, natural de Deba, quien dedicó su llegada a su padre y a otros familiares afectados por la enfermedad. «Son los días inmejorables para andar y la causa también lo es», declaró visiblemente emocionado.
No todos venían a competir, y así lo dejó claro José Martín, quien acudió junto a Tina Martínez para apoyar a una amiga que atraviesa dificultades. «Ha sido muy competitiva, pero hoy era lo de menos», reconoció con una sonrisa.
Más allá del esfuerzo físico, la jornada dejó momentos de reflexión y encuentro. Aintzane López de Munain recordó que el apoyo que necesitan estas familias no siempre es económico. «También es necesario encontrar voluntarios o, simplemente, socializar entre nosotros», explicó. Su familiar Iratxe añadió que hablar abiertamente sobre la enfermedad ayuda tanto a empatizar como a saber que nadie está solo en esta lucha.
Al término de la marcha, la plaza se llenó de otro tipo de recompensa. El puesto de Arabako Taloak llevaba horas preparándose para recibir a los participantes con talos recién hechos, txistorra, panceta y queso. Pablo de Durana amasaba mientras explicaba que esperaron a ver llegar «toda esta gente» para cocinar el relleno al momento y que estuviese bien caliente.
La jornada cerró con el ritual de posar en el photocall y hacer sonar la campana de meta, un gesto simbólico que resumió el espíritu del día: cada paso dado fue un granito más en la lucha contra el alzhéimer, una enfermedad que, como repitieron muchos participantes, nos puede tocar a cualquiera.



