La Diputación de Álava ha comenzado a ejecutar una profunda reorganización interna que ya afecta a casi tres cuartas partes de su plantilla, dando respuesta a un diagnóstico demoledor que describía su estructura como ineficaz, obsoleta y comparable a un reino de taifas.

La reforma alcanza ya al 72,7% de los 953 funcionarios que forman parte de la Administración General foral. Los primeros departamentos en completar su reestructuración han sido los de Empleo, Comercio y Turismo y Administración Foral, mientras que los de Movilidad Sostenible e Infraestructuras, y Agricultura, siguen trabajando en sus respectivos cambios.
El siguiente gran reto es el Departamento de Hacienda, Finanzas y Presupuestos, el más numeroso de toda la institución con 265 trabajadores en plantilla. Fuentes conocedoras del proceso advierten de que su complejidad podría alargar los trabajos hasta la próxima legislatura, dado el entramado propio del Fisco Foral.
Una vez concluido ese paso, habrán recibido medidas de reorganización un total de 693 funcionarios de los 953 que componen la Administración General, aunque quedan fuera organismos de gran tamaño como el Instituto Foral de Bienestar Social.
La consejera responsable del proceso, la socialista Cristina González, explicó en una respuesta dirigida al grupo de EH Bildu en las Juntas Generales que se está trabajando conjuntamente con los diferentes departamentos, ofreciendo pautas para reorganizarse bajo criterios de eficacia y con la incorporación de nuevas tecnologías. No existe, sin embargo, un calendario cerrado con fechas concretas de inicio y finalización para cada área.
Todo arranca de una auditoría encargada en 2024 a una empresa especializada en gestión pública. Aquel informe ponía el dedo en la llaga sobre varios problemas estructurales graves: una inflación jerárquica con jefaturas sin personal a su cargo, la ausencia de planificación a medio y largo plazo, una distribución ineficiente de efectivos y lo que los propios consultores denominaron favoritismo endogrupal, que generaba malestar interno y dificultades para el trabajo en equipo.
El documento también alertaba de que la institución contaba con recursos económicos y tecnológicos de primer nivel, pero los gestionaba con estructuras y políticas de personal propias de los años ochenta y noventa.
Lo que entonces muchos daban por enterrado parece haber encontrado, por fin, el camino hacia su aplicación real. Vitoria-Gasteiz observa cómo su principal institución foral afronta el cambio más ambicioso de su historia reciente.
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