Quince años esperando: el semáforo provisional de Oyambre que ningún gobierno ha sabido eliminar

San Vicente de la Barquera lleva tres lustros conviviendo con una de las anomalías más llamativas de las carreteras cántabras. Un semáforo instalado como medida temporal junto a la playa de Merón sigue siendo hoy tan necesario como el primer día, y las promesas de los sucesivos ejecutivos regionales no han conseguido cambiar nada.

Quince años esperando: el semáforo provisional de Oyambre que ningún gobierno ha sabido eliminar

Todo comenzó a finales de 2010, cuando los tribunales paralizaron cautelarmente varios tramos de una obra de mejora de la carretera autonómica que discurre entre la ría de La Rabia y el Puente de la Maza. La denuncia de colectivos ecologistas frenó los trabajos justo antes de su conclusión, dejando sin terminar, entre otros puntos, un pequeño tramo de 115 metros sobre el riachuelo de Merón. Allí, la calzada se estrecha de tal forma que dos vehículos no pueden cruzarse, y fue necesario instalar un semáforo para regular el paso.

Lo que entonces parecía una solución provisional lleva quince veranos en el mismo lugar. La paradoja es que la obra en ese punto está físicamente construida: existe un pequeño puente de hormigón que amplía la calzada, pero no se puede usar. Ni inaugurar ni demoler. Un limbo del que nadie ha logrado salir.

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En 2012, el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria dio la razón a los conservacionistas, sentencia que el Tribunal Supremo ratificó en 2016. Ello obligó a restaurar los terrenos afectados por la llamada variante de Oyambre, trabajo que ya se ejecutó. Sin embargo, el tramo de Merón quedó en una situación diferente: sin restauración, pero también sin finalizar la obra.

En 2022, fuentes de la entonces Consejería de Obras Públicas apuntaron que, para poder actuar en ese punto, era imprescindible redactar un informe de impacto ambiental. En el verano de 2023, la alcaldesa de San Vicente, Charo Urquiza, acompañó al consejero de Fomento, Roberto Media, hasta el lugar en su primera visita oficial al municipio. El consejero se comprometió a darle solución.

Han pasado tres años desde ese compromiso. A día de hoy, nadie aporta novedades que permitan intuir que el famoso semáforo de Oyambre vaya a dejar de parpadear en ámbar en un futuro próximo.

Mientras tanto, cada verano, miles de conductores que acceden a una de las zonas más turísticas de Cantabria continúan esperando su turno ante un semáforo que, quince años después, sigue siendo la mejor metáfora del bloqueo administrativo.