Siete robos y una caña: el ladrón que asaltó el bar del parque de La Florida en Vitoria no tuvo prisa en marcharse

Un ladrón entró de madrugada en el bar del parque de La Florida de Vitoria, se colocó detrás de la barra y se sirvió tranquilamente un par de cañas antes de abandonar el local. Todo quedó grabado por las cámaras de seguridad del establecimiento. Las imágenes, que circulan estos días entre vecinos de la ciudad, reflejan una escena tan insólita como reveladora de la situación que vive el hostelero al frente del negocio.

Siete robos y una caña: el ladrón que asaltó el bar del parque de La Florida en Vitoria no tuvo prisa en marcharse

Mario Blanco gestiona los bares de los parques de La Florida y El Prado, y lleva menos de un año acumulando siete denuncias por robos en ambos locales. El del vaso de sidra y la espuma no fue el único episodio llamativo. En otra ocasión, los intrusos se pusieron a preparar pintxos. En otra, un asaltante llegó con cubos de basura de gran tamaño y se marchó con comida y hasta una máquina de corte de la cocina.

El modus operandi se repite: entrada de madrugada, cerraduras forzadas, cristales rotos y botín de escaso valor económico. En algún caso se han llevado el dinero de la caja, apenas el cambio del día. Lo que no varía son los destrozos, que Blanco cifra en más de 3.000 euros por cada asalto.

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«Te sientes impotente y harto», afirma el hostelero, que ha instalado sistemas de alarma y videovigilancia sin que hayan servido de freno. Los ladrones entran a cara descubierta, dejan huellas y actúan sin ningún tipo de prisa ni disimulo, como si la presencia de cámaras les resultara completamente indiferente.

La situación empieza a tener consecuencias más allá de los daños materiales. La compañía aseguradora ya ha advertido a Blanco de que, si los robos continúan a este ritmo, no le renovará la póliza. Una amenaza que convierte el problema en algo todavía más grave para la viabilidad del negocio.

El hostelero reclama mayor presencia policial en los alrededores de ambos parques para prevenir futuros asaltos. «Que alguien se ponga a tomarse una caña después de entrar a robar ya es recochineo», lamenta. Locales céntricos, vigilados, y aun así incapaces de frenar una oleada de robos que se ha convertido en un quebradero de cabeza sin solución aparente.