Vecinos y asociaciones vecinales de la zona denuncian que el Camí de sa Farola, uno de los viales más emblemáticos de Ciutadella, se ha convertido en un serio peligro para quienes lo transitan a pie, especialmente durante los meses de verano.

El problema no es nuevo, pero en agosto se agrava de forma notable. El aumento del tráfico de vehículos, la afluencia de peatones y las bicicletas que comparten un mismo espacio sin separación física generan situaciones de riesgo cotidianas. A eso se suma el estacionamiento indebido de coches que obliga a los caminantes a adentrarse en la calzada para poder avanzar.
Miquel Balaguer, vecino habitual del camino, lleva tiempo alertando a las autoridades municipales. A finales del año pasado se celebraron hasta tres reuniones con representantes del Ayuntamiento, pero los residentes aseguran que no han visto ningún cambio. Las señales de limitación de velocidad no surten efecto y muchos conductores superan los 30 kilómetros por hora en un tramo donde peatones y ciclistas no tienen donde refugiarse.
El tramo más problemático es el que discurre junto al pinar de Cala en Busquets. Aunque existe un sendero de tierra bajo los pinos, las raíces y las rocas que afloran hacen que caminar por allí sea también arriesgado. El resultado es que la mayoría de los paseantes optan por el asfalto, invadiendo la calzada en uno u otro sentido.
La Associació de Veïns de sa Colàrsega respalda la propuesta que lleva tiempo defendiendo Balaguer: habilitar un vial específico para peatones en el margen izquierdo del camino, el más cercano al mar. Esta solución permitiría además desplazar las marcas viales hacia la derecha, estrechando el arcén y dificultando el aparcamiento ilegal en ese lado.
«Es una cuestión de voluntad política», afirma Balaguer, reclamando que las administraciones actúen antes de que ocurra un accidente grave.
A la polémica por la seguridad se suma el disgusto por la tala reciente de dos grandes pinos adultos junto a una parcela donde se construye una nueva promoción de viviendas. La pérdida de estos ejemplares ha dejado un claro notable en la zona de sombra del camino, restando encanto a uno de los recorridos más valorados de la ciudad.
Los vecinos insisten en que no piden grandes obras, sino medidas concretas y urgentes. El verano está en su punto álgido y cada jornada sin actuación es una oportunidad perdida para prevenir lo que todos temen: una desgracia anunciada.
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