El fuego volvió a ensañarse con Burgohondo. Una vez más, las llamas se llevaron por delante lo que alguien había levantado con años de trabajo, ilusión y sacrificio. El municipio abulense vuelve a ser escenario de una de esas tragedias que dejan una herida difícil de cerrar.

El incendio redujo a cenizas un proyecto que para su propietario representaba mucho más que una simple construcción o un negocio. Era un sueño hecho realidad, o al menos a medio camino de serlo. Esa es la dimensión humana que más duele cuando el fuego aparece sin avisar.
Los vecinos de Burgohondo conocen bien este tipo de golpes. No es la primera vez que el municipio sufre las consecuencias devastadoras de un incendio. Esa palabra, «otro», pesa mucho en una localidad pequeña donde cada pérdida se siente de forma colectiva, donde todos se conocen y el dolor de uno acaba siendo el dolor de todos.
Las llamas actuaron con rapidez, como suelen hacer, sin dar tiempo a reaccionar ni a salvar lo que hubiera podido salvarse. Lo que costó años construir quedó en pocas horas convertido en escombros y humo.
Las causas del incendio están siendo investigadas por los cuerpos competentes, aunque por el momento no se ha confirmado oficialmente ninguna hipótesis. Lo que sí queda claro es el impacto emocional y material que supone para el afectado y para su entorno más cercano.
Burgohondo, un pequeño municipio enclavado en el Valle del Alberche, en la provincia de Ávila, acumula así otra página amarga en su historia reciente. Una localidad que, como tantos pueblos del interior, lucha por mantener viva su actividad y su población, y que ve cómo a veces el fuego frustra los esfuerzos de quienes apuestan por quedarse y construir algo en estas tierras.
La solidaridad vecinal, que en los pueblos pequeños suele ser la primera respuesta ante cualquier desgracia, se ha hecho sentir una vez más. Pero la solidaridad, aunque reconforta, no devuelve lo perdido.
Queda ahora el difícil camino de reponerse, de valorar los daños y, para quien tenga fuerzas y ánimo, de plantearse si merece la pena volver a empezar desde cero.



