Una vecina del barrio del Campillo de Logroño ha alzado la voz para denunciar una situación que, según describe, puso en riesgo la seguridad de quienes transitan por la calle Hermanos Urdiales cada noche: la ausencia total de iluminación en las farolas durante varios días consecutivos.

Según relata la afectada, el problema comenzó el lunes 17 de agosto y se prolongó hasta el viernes de esa misma semana sin que las autoridades municipales actuaran de forma inmediata. Cinco noches sin luz en una calle donde los vecinos tienen que moverse a oscuras para llegar a sus casas.
La falta de iluminación no fue el único motivo de queja. La vecina aprovechó para señalar otro problema que lleva tiempo sin resolverse en esa misma vía: el estado ruinoso de las aceras. «El estado de la acera está fatal y te puedes caer», advierte con preocupación, subrayando que la combinación de oscuridad y pavimento deteriorado convierte el trayecto nocturno en un auténtico peligro para cualquier persona, especialmente para mayores y personas con movilidad reducida.
Aunque el ayuntamiento de Logroño finalmente restableció el alumbrado ese viernes, la incidencia deja al descubierto dos realidades que los vecinos del Campillo llevan tiempo señalando: la lentitud en la respuesta ante averías que afectan directamente a la seguridad ciudadana y el abandono en el mantenimiento del mobiliario urbano de algunas calles del barrio.
Los residentes de esta zona no entienden que una avería en el alumbrado público tarde casi una semana en solucionarse, máxime en plena temporada estival, cuando el barrio registra una actividad vecinal habitual y cuando la oscuridad puede provocar caídas o situaciones de inseguridad.
La denuncia de esta vecina refleja una demanda compartida por muchos habitantes del Campillo, que piden al consistorio logroñés una mayor agilidad en la atención de este tipo de incidencias y, sobre todo, que se acometa de una vez la renovación de las aceras en peor estado de la calle Hermanos Urdiales.
Mantener en condiciones dignas el espacio público no es un capricho, sino una obligación básica de cualquier administración local hacia sus ciudadanos.



