Los residentes de las fincas situadas junto al camino del Cordonero, en Lardero, llevan tiempo reclamando una solución que no llega. El tramo sin salida de esta vía se convierte, según denuncian los afectados, en un verdadero obstáculo cada vez que las precipitaciones hacen acto de presencia en la zona.

La queja no es nueva. Según trasladan los propios vecinos, el problema arrastra ya varios años sin que el Ayuntamiento haya dado una respuesta efectiva. Cuando llueve, el estado del firme se deteriora hasta el punto de dificultar el acceso a las viviendas y fincas colindantes, generando una situación que los residentes califican de intolerable.
Uno de los afectados ha decidido alzar la voz para visibilizar lo que describe como una dejadez municipal prolongada en el tiempo. En su relato, subraya que no se trata de un episodio puntual, sino de una situación recurrente que se repite con cada temporada de lluvias y que afecta directamente a su día a día.
El barro, los baches y la acumulación de agua son los protagonistas habituales de este tramo en cuanto el tiempo empeora. Los vecinos aseguran que acceder a sus propiedades se convierte entonces en una tarea complicada, e incluso peligrosa, tanto para vehículos como para personas que transitan a pie.
La petición de los afectados es clara: que el consistorio lardereño actúe de forma definitiva sobre el pavimento del camino y ofrezca una solución duradera, no parches que desaparecen con la siguiente lluvia. Consideran que el municipio tiene la responsabilidad de garantizar unas condiciones mínimas de accesibilidad y seguridad para todos sus vecinos, independientemente de donde residan.
De momento, el Ayuntamiento no ha ofrecido una respuesta pública al respecto. Los vecinos esperan que la denuncia sirva para acelerar unas obras que, a su juicio, deberían haberse acometido hace tiempo.
La situación del camino del Cordonero pone sobre la mesa una realidad común en muchos municipios: la de las vías de acceso secundarias que quedan relegadas en los planes de mantenimiento y cuyas carencias acaban pagando quienes viven en sus márgenes.



