El Ayuntamiento de Molledo ha aprobado en sesión plenaria nombrar Hijo Predilecto al ingeniero cántabro Leonardo Torres Quevedo, considerado uno de los inventores más brillantes de la historia y figura universal nacida en Santa Cruz de Iguña.

La decisión llega en un momento cargado de simbolismo. Este año se cumplen 90 años de la muerte del ingeniero, fallecido en Madrid el 18 de diciembre de 1936. Pero hay más: en 2027 se celebrarán los 175 años de su nacimiento y el 110 aniversario de su obra más reconocida a nivel mundial, el llamado Spanish Aerocar, el transbordador que sigue funcionando sin un solo incidente sobre las cataratas del Niágara y que cada año visitan más de 100.000 personas.
El alcalde del municipio, Joaquín Villegas, ha impulsado este reconocimiento institucional que, según consta en el expediente aprobado, distingue a alguien que «representa el cénit de la genialidad, el pensamiento científico y la innovación técnica». El documento también subraya su «arraigo inquebrantable con su pueblo natal» y la proyección que dio al nombre de Cantabria y de España «a la cúspide internacional de la ciencia y la tecnología».
Torres Quevedo vivió en la misma época que Graham Bell, Nikola Tesla o Thomas Alva Edison. El expediente municipal no deja lugar a dudas en su conclusión: «la vida y obra de Leonardo Torres Quevedo constituyen un legado inmaterial de dimensión universal».
Para dar inicio a los actos conmemorativos, Molledo estrenó su nuevo salón de actos con una conferencia a cargo de Francisco González Redondo, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad Complutense de Madrid y uno de los mayores expertos del mundo en la figura del ingeniero. El evento llenó el recinto.
La charla repasó la trayectoria vital de Torres Quevedo y sus proyectos hidráulicos vinculados a las comarcas del Saja y el Besaya, enlazando su legado con la historia industrial del valle. El propio alcalde destacó que incluso el teleférico de Fuente Dé debe parte de su concepción al ilustre vecino.
Con este nombramiento, Molledo no solo reivindica a un hijo del municipio demasiado tiempo olvidado por los grandes reconocimientos, sino que sienta las bases para una serie de actos que se prolongarán durante los próximos años, poniendo en valor ante el mundo una figura que cambió la historia de la ingeniería y que nació, sin que muchos lo sepan, en un pequeño rincón de Cantabria.
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