La tradicional feria de Angosto cerró este domingo el verano ganadero con menos animales de lo habitual y con el ánimo de muchos productores por los suelos. En su 33ª edición, varias zonas habilitadas para el ganado amanecieron vacías, reflejo de un estío que los propios agricultores y ganaderos califican de «muy malo».

La falta de agua y de pasto ha sido el denominador común de los meses de verano en la comarca alavesa. Ganaderos como Álvaro Revilla, del concejo de Bellojín, han tenido que subir agua a diario para sus 120 cabezas de ganado bovino, lo que ha disparado sus costes muy por encima de lo habitual. «Comida todavía tienen por zonas donde no pastan en primavera, pero el agua ha sido el gran problema», explicaba este domingo junto a sus pardas alpinas.
Pero si la sequía ha golpeado duro, los ataques del lobo han sido para muchos la puntilla. Luis María Martínez, vecino de Valdegovía, ha decidido vender todos sus burros de Las Encartaciones, una especie en peligro de extinción que cuidaba desde hace años por afición. Este año los lobos le han matado más de treinta crías y una veintena de adultos. «Es muy triste encontrártelos mutilados y con los buitres encima», lamentaba junto a las seis hembras que llevó a la feria. Una historia que ha conmovido a los asistentes y que resume la situación que viven muchos productores de la zona.
La sensación de desamparo frente a la administración ha pesado también en el ambiente. Varios criadores de caballos y cabras directamente no acudieron a la cita. «La gente está molesta y no ha traído lo de siempre», reconocía Revilla.
El debate sobre cómo afrontar la crisis no ha sido ajeno a las instituciones. La Mesa de Forrajes llegó a estudiar una compra conjunta de alimento para el ganado vasco, aunque el Departamento de Agricultura acabó descartando la medida. Ante ello, organizaciones agrarias exigieron la declaración de Álava como zona de sequía y algunas llegaron a pedir responsabilidades políticas a la consejería.
No todos, sin embargo, han perdido la esperanza. La ganadera Teresa Andrés, que cría ovejas de la raza sasi ardi, ha optado por adaptarse y llevar a sus animales a comer en pesebres durante este periodo seco. «Estamos en un momento de adecuación», decía con calma, pese a haber perdido dos carneros por ataques de lobo en el último mes.
Lo que ninguna adversidad ha conseguido es alejar al público de Angosto. Miles de personas se acercaron a la feria, fiel a su cita con el fin del verano.
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