Un palacete en ruinas renace como hogar cooperativo para mayores en el corazón de Maó

Una treintena de personas ha dado un paso insólito en Menorca: unirse en cooperativa para construir su propio futuro como mayores, lejos del modelo de geriátrico tradicional. Lo harán en Villa Luisa, una histórica quinta de la calle Josep Anselm Clavé de Maó, catalogada como Bien de Interés Cultural desde los años ochenta y en estado de abandono desde hace años.

Un palacete en ruinas renace como hogar cooperativo para mayores en el corazón de Maó

El proyecto se llama Villa Luisa Comunidad Sénior y aspira a levantar 61 unidades habitacionales en los solares que rodean el antiguo palacete, construido en 1912 según el diseño del arquitecto Francesc Femenias. El edificio histórico, por su parte, acogerá la parte clínica y asistencial del complejo.

La idea no es nueva. Sus principales impulsores, Francisco Parpal, Jordi Sintes, Ramon Sintes y Rosendo Vico, llevan más de dieciséis años buscando el lugar adecuado para desarrollarla. Barajaron varias ubicaciones en Maó antes de que Villa Luisa se presentara como la opción ideal, con el suelo ya calificado para usos sociosanitarios y asistenciales.

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Hace apenas cuatro meses iniciaron las conversaciones para adquirir los terrenos y el edificio. El último promotor interesado en construir allí una residencia privada desistió y puso la finca a la venta. Esa fue la oportunidad que los cooperativistas esperaban.

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El modelo que proponen es el del cohousing o vivienda colaborativa: apartamentos privados de dos habitaciones con todas las comodidades de un piso convencional, más espacios y servicios comunes compartidos según las necesidades de cada residente. Los socios pueden ocupar su unidad en solitario o compartirla con una pareja, un amigo o un familiar, lo que permite también dividir la inversión inicial de 265.000 euros por unidad habitacional.

El requisito fundamental para sumarse es tener más de 60 años, autonomía personal y buen estado de salud. La cooperativa nace como respuesta a la saturación de los geriátricos públicos, que exigen altos niveles de dependencia para acceder a ellos, y como alternativa para quienes quieren anticiparse y decidir sobre su propio futuro.

Los estatutos de la cooperativa ya han sido remitidos al Govern balear para su revisión y aprobación. Si todo avanza según lo previsto, los cooperativistas esperan poder instalarse en sus nuevos hogares dentro de tres años, tras formalizar la compra, adaptar el proyecto existente, obtener la licencia municipal y ejecutar las obras.

Un modelo pionero en la isla que, de materializarse, cambiará la forma en que Menorca entiende el envejecimiento.