El Ninfeo romano de Cala Figuera, enclavado en el puerto de Maó, se encuentra en un estado tan crítico que la asociación nacional Hispania Nostra ha decidido incluirlo en su lista roja de patrimonio en peligro. El monumento, considerado una de las obras portuarias más antiguas de Europa, reclama atención urgente antes de que el deterioro sea irreversible.

Desde la asociación, dedicada a la defensa y puesta en valor del patrimonio histórico español, describen la situación actual del enclave como «ruinosa». El problema no es reciente, pero se ha agravado de manera preocupante en los últimos tiempos.
En su momento se instaló un cerramiento con malla metálica alrededor de la gruta que alberga el Ninfeo, una medida que buscaba proteger el monumento. Sin embargo, esa infraestructura no ha recibido el mantenimiento necesario y, lo que es peor, el interior de la cueva se ha convertido en refugio habitual de palomas.
Las deposiciones de estas aves están causando un daño directo y continuo sobre la piedra de marès con la que está construido el Ninfeo. Los detritos corroen el material, acelerando un proceso de degradación que, de no atajarse, podría comprometer la integridad del monumento de forma definitiva.
Hispania Nostra no se limita a denunciar la situación, sino que exige una respuesta concreta. La entidad insta a la Autoritat Portuària de Balears, organismo responsable de la zona en la que se encuentra el Ninfeo, a ofrecer garantías claras de recuperación del monumento.
El llamamiento llega en un momento especialmente oportuno, ya que la Autoritat Portuària tiene en marcha un proceso de transformación del entorno portuario de Maó. Desde la asociación consideran que este contexto es una oportunidad que no puede desaprovecharse para incluir la rehabilitación del Ninfeo entre las prioridades del proyecto.
«Urge su recuperación antes de que sea demasiado tarde», advierten desde Hispania Nostra, con un mensaje que subraya la gravedad de la situación y la escasez de tiempo disponible para actuar.
El Ninfeo de Cala Figuera representa un testimonio excepcional de la presencia romana en Menorca y en el Mediterráneo occidental. Perderlo por abandono o desidia sería un golpe irreparable para el patrimonio histórico de la isla y del conjunto de las Illes Balears.
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