La antigua Quinta del Conde de Campogiro ha caído. Los vecinos del barrio santanderino de Campogiro asisten estos días a la desaparición del edificio principal de La Remonta, la mayor zona verde de Santander, con casi 300.000 metros cuadrados.

La empresa Tragsa, contratada por el Ministerio de Defensa, propietario de los terrenos, lleva apenas un mes con las excavadoras en marcha y los avances son ya muy visibles. El inmueble más importante, que data de hace más de dos siglos, está prácticamente en el suelo. Junto a él, otras construcciones menores han desaparecido por completo.
Los propios vecinos que pasean a diario por la finca han sido testigos del ritmo acelerado de los derribos. Algunos han encontrado incluso rastros de quienes habitaban ilegalmente uno de esos edificios ya demolidos: una maleta abierta con ropa en el suelo era todo lo que quedaba.
Los trabajos comenzaron en agosto con tareas previas de desbroce y movimiento de tierras. Ahora la demolición avanza a buen paso, aunque los edificios que aún siguen en pie tendrán que esperar a que se retire el amianto antes de ser derribados.
El abandono de estas instalaciones militares se remonta a 2010, cuando el Ejército dejó de operar en unas instalaciones que llegaron a albergar uno de los centros de cría equina más relevantes del país. Desde entonces, ruinas, grafitis, basura, tejados hundidos e incendios recurrentes han marcado la historia reciente del lugar. El último fuego, en agosto pasado, obligó a los Bomberos a emplear más de 12.000 litros de agua durante dos horas de intervención.
No todos ven con buenos ojos lo que está ocurriendo. Desde la Asociación de Vecinos de San Joaquín lamentan que se destruyan más de 200 años de historia y consideran que el edificio de la Quinta podría haberse rehabilitado para darle un nuevo uso.
La historia de La Remonta también arrastra años de tensión entre el Ayuntamiento de Santander y el Ministerio de Defensa. El Consistorio, que en 2017 invirtió medio millón de euros en habilitar un camino de 900 metros dentro de la finca, ha reclamado desde hace tiempo la cesión gratuita de los terrenos para convertirlos en un gran parque urbano. Madrid, sin embargo, fijó un precio de nueve millones de euros, lo que bloqueó cualquier acuerdo.
Mientras la negociación sigue sin resolverse, las máquinas continúan su trabajo. Lo que durante décadas fue símbolo de abandono desaparece ahora entre escombros, dejando abierta la pregunta de qué futuro le espera al pulmón verde más grande de la ciudad.
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