La Librería Gil convierte el vino y los libros en una cita cultural imprescindible en Santander

Cada trimestre, cuando la Librería Gil cierra sus puertas al público general, una veintena de lectores sube a la planta superior para algo que no es una presentación al uso: es un club de lectura con el propio autor sentado en el círculo.

La Librería Gil convierte el vino y los libros en una cita cultural imprescindible en Santander

Eso es la Bibliodega, una iniciativa impulsada por el Aula de Letras de la Universidad de Cantabria y la propia librería santanderina, que reúne a un grupo reducido de participantes en torno a un libro, una copa de vino tinto y unos dados de queso. Lo que ocurre a partir de ahí difícilmente se repite en otro escenario cultural de la ciudad.

«Esto no es una presentación, es un club de lectura, así que no hay spoilers porque todos hemos leído el libro», explica Macarena García-Avello, directora del Aula de Letras, dejando clara la filosofía del encuentro desde el primer momento. Los participantes llegan con el libro leído, los cuadernos de notas en mano y ganas de ir al fondo de cada página.

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Tras el parón veraniego, la Bibliodega retoma su actividad con dos citas ya confirmadas para este otoño. El 27 de octubre, el escritor Fernando Navarro dialogará con los asistentes sobre su novela Crisálida. El 24 de noviembre será el turno de la periodista y escritora Marta San Miguel, que presentará Última escala ante el mismo grupo comprometido de lectores.

La propuesta no es nueva, pero sí ha ido ganando peso con cada edición. Por este espacio ya pasaron autores como Dario Ferrari, cuya novela Se acabó el recreo tuvo aquí su primera presentación en España, o Javier Argüello, que habló de El día que inventamos la realidad. Cada sesión mezcla análisis literario, experiencias personales y una conversación que rara vez sigue un guion previsto.

Una lectora que trabajó durante once años en una universidad italiana reconoció haberse visto reflejada en la novela de Ferrari: «Ese mundo lo he visto igual en España», confesó. Ese tipo de conexiones entre texto y vida real son las que convierten cada Bibliodega en algo más que una charla sobre libros.

Para participar hace falta inscripción previa, cumplir el cupo de veinte plazas y, sobre todo, llegar con el libro leído. El vino espera, pero la conversación no da espera a quien no ha hecho los deberes.