Una parcela de 14.450 metros cuadrados en la avenida Mas del Ribero concentra uno de los debates más enredados de la política municipal toledana: su valor contable, su titularidad compartida y su futuro incierto.

El terreno pertenece a partes iguales a la Empresa Municipal de Suelo y Vivienda (EMSV) y a la Junta de Comunidades, como herencia de la liquidación de Toletum Visigodo, la sociedad mixta que nació con el sueño de urbanizar Vega Baja y acabó disuelta sin haberlo logrado.
El problema es que sobre ese suelo pesan las afecciones del yacimiento arqueológico de Vega Baja, declarado Bien de Interés Cultural, y del entorno de protección de la Fábrica de Armas. El Catastro, ante la imposibilidad de desarrollarlo comercialmente, no le asigna ningún valor de referencia. Sin embargo, la EMSV lo contabiliza en su activo por más de 838.000 euros, la mitad del haber social que arrojó la liquidación de Toletum Visigodo.
Esa valoración fue determinante para que la EMSV cerrara el ejercicio 2025 con resultado positivo, una condición imprescindible para acceder al crédito bancario con el que financiar sus proyectos, entre ellos la construcción de 13 viviendas en Santa Bárbara con un préstamo de unos 2,66 millones de euros.
El interventor municipal ya advirtió de que, sin un apunte extraordinario vinculado a Toletum Visigodo, las cuentas habrían arrojado pérdidas. El PP cuestionó ese análisis. E Izquierda Unida fue más allá y presentó en julio una reclamación formal contra la Cuenta General por el tratamiento contable de esta parcela, conocida como C1.
La Gerencia de la EMSV rechazó la reclamación y defiende que sus estados financieros son correctos. Además, en su respuesta introdujo un argumento nuevo: la Junta ya ha permutado en el pasado terrenos similares afectados por la protección arqueológica por parcelas edificables en el Polígono de Santa María de Benquerencia, lo que sugiere que el valor real del suelo podría ser incluso superior al reflejado en libros.
No hay ninguna negociación abierta ni anuncio oficial de operación alguna. Pero la mención no ha pasado desapercibida en el debate político local.
A todo esto se suma un detalle que cualquier vecino que pase por la zona puede comprobar por sí mismo: el solar llegó al otoño sin desbrozar, con la maleza crecida durante todo el verano en un espacio de titularidad pública en pleno corazón de Toledo.
Un terreno que nadie puede construir, que el Catastro no valora, que la contabilidad municipal cifra en casi un millón y que este año nadie se ocupó de limpiar.
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