El popular festival de tapas y música del barrio de Lavapiés no se celebrará este año. Sus organizadores han decidido suspender la decimosexta edición para buscar una fórmula que permita retomarlo el próximo año sin los problemas de convivencia que generó su última celebración.

El alcalde José Luis Martínez-Almeida ha mostrado este miércoles su respeto por la decisión y ha aprovechado para trasladar el apoyo del Ayuntamiento de cara a la edición de 2027. En declaraciones realizadas en el Centro Municipal del Voluntariado, el regidor agradeció a la organización el gesto de «dar un paso atrás para poder dar un paso adelante el año que viene».
Almeida reconoció que en la pasada edición el evento «de alguna manera se pudo desbordar o pudo haber molestias o pudo haber incomodidades». Con todo, quiso lanzar un mensaje de tranquilidad tanto a organizadores como a comerciantes: desde la Concejalía de Centro están «dispuestos a colaborar» para que Tapapiés pueda volver con fuerza.
«Si Tapapiés no se ha podido celebrar este año, esto no quiere decir que no se vaya a poder celebrar a lo largo de los años sucesivos», subrayó el alcalde.
Por su parte, Carmen Gordo, presidenta de la Asociación de Comerciantes de Lavapiés Distrito 12, entidad organizadora del evento, explicó que la decisión responde a la búsqueda de una fórmula «que no altere la convivencia con los vecinos y que satisfaga tanto a ellos como a los hosteleros y comerciantes». Una declaración que deja claro que el objetivo no es abandonar el festival, sino replantearlo.
Tapapiés nació en 2011 y desde entonces se había celebrado de manera ininterrumpida durante quince ediciones, convirtiéndose en uno de los eventos más queridos y concurridos del barrio. Su combinación de gastronomía, música y ambiente multicultural lo convirtió en una cita ineludible del otoño madrileño, con una gran repercusión tanto entre los vecinos de la zona como entre visitantes de toda la ciudad.
La suspensión deja un hueco notable en la agenda cultural de Lavapiés este otoño, aunque tanto el Ayuntamiento como los organizadores coinciden en que se trata de un paréntesis, no de un punto final. Queda ahora por ver si el diálogo entre vecinos, comerciantes y administración logra alumbrar una nueva fórmula que permita recuperar el espíritu del festival sin repetir los roces del pasado.
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